Crónica
26 de junio de 2010
Cristina Monge (Almuñécar, Granada)
Sólo hay una manera de explicarlo: hay días en que no sale nada. Lo malo es cuando ese día se juega una final. El Juvenil A no se encontró cómodo en ningún momento sobre el césped del Francisco Bonet de Almuñécar. Los madridistas no lograron armar su juego y les costó crear ocasiones. Algo que aprovecharon ‘los leones’ para irse al descanso con el 0-2 definitivo, gracias a los goles de Peña y Villar. Se ha perdido la final de la Copa del Rey, pero que a nadie se le olvide que este equipo ya había ganado una Liga y la Copa de Campeones.
Arrancó la gran final de la Copa del Rey con la lógica toma de contacto entre dos equipos que, a pesar de conocerse bien, partían de cero sobre el estadio Francisco Bonet de Almuñécar. Los madridistas recurrían al toque para entrar en el partido, mientras que los bilbaínos establecían las bases de lo que iba a ser un juego fundamentalmente físico.
El Juvenil A no estaba especialmente cómodo sobre el terreno de juego, la mayor muestra no es otra que hasta el minuto 11 no sucedió su primer disparo a portería –de Fran Sol-. Justo lo que buscaban ‘los leones’, maniatar como fuese a los madridistas en el centro del campo y después aprovechar alguna ocasión. Dicho y hecho. Uno de sus bastiones, Peña, remataba un rechace que había quedado muerto en el punto de penalti poniendo por delante a su equipo en el minuto 15 de partido.
Pero aunque la actitud era buena, los madridistas no eran capaces de desplegar su fútbol. Y aprovechando esa impotencia de centros que no llegan, recortes que no salen y remates que no afloran, el Athletic consiguió poner distancia en el marcador con una bonita vaselina de Villar (min. 35).
Los últimos minutos de esta ‘mala primera parte’ fueron los mejores para los madridistas. El central Jaime tuvo protagonismo en dos jugadas consecutivas, una en cada campo: primero remató un centro de Sarabia que tuvo la mala suerte de dar en un rival, y dos minutos después sacó bajo palos de cabeza un remate de ‘los leones’ que podía haber supuesto un dolorosísimo 0-3 en el electrónico. Álvaro López, con un potente disparo desde la frontal, ponía a prueba a un acertado Magunazelaia, que conseguía mantener a cero su portería.
Quedaba final por delante y los blancos querían, pero no podían, sobreponerse a los goles y empezar a lucir ese juego y esa mentalidad ganadora que ya ha hecho de este juvenil uno de los mejores de la historia del Real Madrid. Alberto Toril apostó por ir a por el partido con la salida de Alipio y una defensa de tres. Un disparo de Sarabia al contragolpe que desviaba, de nuevo, el guardameta, y después el rechace de Fran Sol que se iba por encima del travesaño, se convertían en la mejor ocasión del partido para los madridistas (min.58). Kamal armó un gran disparo desde treinta metros que daba en el larguero al borde del pitido final, pero, nada salía. Se luchó, se intentó, pero no se pudo conquistar el triplete. Lo único que es seguro, es que a esta generación de campeones les queda mucho fútbol y muchos títulos por delante. Es un tópico y no consuela, pero… una mala tarde la tiene cualquiera, hasta un gran equipo.