Noticia
25 de marzo de 2009
Laura Navas
No es precisamente de prodigarse en demasía. Ese carácter tímido y reservado que siempre abanderó como futbolista es el mismo que le sigue acompañando fuera de los terrenos de juego. Vaya donde vaya, y a pesar de su eterna discreción, siempre es noticia. Y el pasado martes lo fue más aún. Zinedine Zidane volvía a vestirse de corto, a enfundarse la elástica del Real Madrid y a hacer lo que mejor sigue sabiendo hacer, virguerías con el balón. El francés jugó en el equipo de veteranos un partido ante un combinado de internos del Centro Penitenciario Soto el Real. Zizou demostró que parece que por él no pasan los años. El centrocampista volvió a dar lecciones fútbol y a dejar embelesados a compañeros y aficionados: “Sigue siendo una maravilla verle jugar; la clase es algo que no se pierde nunca”.
La voz se corrió en Valdebebas como la pólvora. “¡Zidane! Zidane está jugando en uno de los campos de abajo”. Y concretamente hasta el campo 6 se fueron acercando muchos empleados de la Ciudad Real Madrid que querían volver a ver en directo al astro francés. Y allí estaba Zizou, con sus calcetines bajos, sus botas amarillas y la camiseta del club en el que se despidió del fútbol (aunque colgó las botas tras participar en el Mundial de Alemania). Con la misma figura fina y fibrosa de antaño, el francés se movió como pez en el agua sobre el terreno de juego. Y es que si dicen que quien tuvo, retuvo… Por Zinedine Zidane parece que no pasan los años.
Zizou entrena desde hace algunos meses con el equipo de veteranos del Real Madrid. El combinado de ex madridistas participa en la Liga Indoor (donde continúa invicto), aunque el francés aún no se ha decidido a participar en estos partidos junto a sus compañeros. Sin embargo, el pasado martes Zidane hizo una excepción, también porque la ocasión lo merecía. Dentro del marco de actividades de la Fundación Real Madrid, el equipo de veteranos se midió en las instalaciones de Valdebebas a un combinado de internos del Centro Penitenciario de Soto el Real. Y el galo se enfundó la camiseta del Real Madrid para deleite de todos los presentes. Y es que disfrutaron todos, los que lo vieron desde la banda y los que jugaron a su lado.
Y es que los comentarios fueron unánimes. Mientras Zidane corría de un lado a otro del campo, los espectadores de excepción hablaban con énfasis sobre cómo su capacidad de hilvanar excelentes jugadas continúa intacta, sobre cómo sigue sirviendo pases únicos llenos de creatividad, precisión e intención de gol. Su extraordinaria visión de juego y su capacidad de hacer jugadas con las que otros sólo pueden soñar, siguen siendo envidiables. “Me parece increíble haber podido jugar a su lado. Es un sueño”, comentaba Antonio, uno de los internos, al término del encuentro: “sigue estando en plena forma. Da gusto verle correr por el campo con el balón en los pies. Tiene una clase y una maestría que ya no se ve en el fútbol. Ojalá volviera a jugar…”
El fútbol, la mejor ayuda
El 7 de mayo de 2006 el centrocampista galo se despedía entre lágrimas del Santiago Bernabéu y del Real Madrid por la puerta grande, tras marcar un gol de cabeza al Villarreal en su último partido de blanco. Aún participaría un mes después en el Mundial de Alemania 2006 defendiendo los colores de Francia, con quien llegó hasta la final de Berlín, donde los blues caerían derrotados ante Italia en la tanda de penaltis. Mientras, Zidane se llevaba el Balón de Oro al ser elegido mejor jugador del Mundial. Desde entonces, el francés se alejó de los terrenos de juego.
“Quiero devolverle al fútbol lo que el fútbol me ha dado a mí”. Dicho y hecho. Zidane sólo había vuelto a calzarse las botas para actos humanitarios o partidos benéficos. Un partido a beneficio en Chiang Mai cuya recaudación se destinó a los enfermos de SIDA de esa provincia tailandesa; un encuentro de fútbol sala en Brasil con el objetivo de recaudar alimentos para las comunidades más necesitadas; un partido solidario en la localidad helvética de Saillon, cuyo fin era recaudar fondos para la lucha contra la leucodistrofia... Son innumerables las muestras de humanidad y generosidad que el considerado por muchos como el mejor centrocampista de la historia del fútbol, sigue dando cada día.