10/11/2006
Javier J. Tamames
No resulta extraño escucharle entonando acordes de Camarón, José Mercé, El Barrio… Y asegura que tendría casta para plantarse delante de un toro con la idea de salir a hombros en La Maestranza. Sergio Ramos es el inquilino que visitó la sección “Prohibido hablar de fútbol” y descubrió sin tapujos su otro yo; ése que siempre tiene en mente su Sevilla natal, ciudad que visita siempre que tiene un día libre (“Con el AVE, Despeñaperros ha dejado de ser un mito”), o ése que prefiere “la tortita de camarones al caviar”.
Bienvenido a la gran ciudad. Por cierto, ¿Madrid, te estresa?
No, no puedo estar de acuerdo con esa afirmación. Es cierto que, antes de fichar por este equipo, desconocía cómo era Madrid como ciudad, aunque había estado en ella unas cuantas veces con la selección. Pero me ha sorprendido para bien y estoy encantado. Estoy recibiendo muchas muestras de cariño y eso siempre se valora.
¿En la gran ciudad hay espacio para el cariño o echas de menos ese calor de tu Sevilla natal?
Hombre, creo que el andaluz es más cariñoso, porque en las grandes ciudades, lógicamente, cada uno va más a su bola, como suele decirse. Pero yo lo llevo muy bien.
¿Y lo de la morriña?
Tu tierra siempre te tira, estés donde estés. Sé que por muchos años que pase en Madrid, las raíces siempre estarán ahí. Es cierto que echo de menos mi ciudad, pero yo, en cuanto puedo, cojo el AVE y en dos horas y media me planto allí. Y ojo, aunque tengo allí a mi familia y mis amigos, quiero que quede claro que en Madrid estoy muy bien.
Vamos, que puede decirse que a ti la puesta en marcha del AVE te ha dado alas.
Es cierto (sonrisas). Ir a Sevilla es un paseo gracias al AVE.
¿Es cierto que te van a hacer miembro de honor de la estación de Atocha?
La verdad es que no estaría nada mal, porque día que tengo libre allí estoy (sonríe de nuevo). Desde que se invento el AVE podemos decir que Despeñaperros ha dejado de ser un mito, esa barrera llena de curvas peligrosas. Afortunadamente, ahora te sientas, te tomas un refresco, ves una película y cuando te quieres dar cuenta estás en Madrid o en Sevilla.
Volvamos a las raíces, ¿qué sentimientos te provoca la palabra Sevilla?
Todo. Mi tierra, mi gente, mi familia…Estoy orgulloso de sentirme sevillano.
¿Eso de ‘ser gracioso’ es una condición extensiva a todos los andaluces?
No, para nada. Lo que pasa es que las personas tienen una manera de ser diferente. Es un poco lo que decía antes. Aquí, la gente es más reservada, mientras que en mi tierra las personas son más abiertas, siempre tienen una sonrisa en la boca, aunque eso no quiere decir que no pasen por malos momentos.
¿El sur, en general, tiene un color especial?
Desde mi punto de vista, sí. Aunque uno no sabe qué va a pasar en el futuro, creo que me instalaré allí, con mi familia, una vez que termine mi carrera deportiva.
¿Qué provoca esa manera de pensar: las tapitas, el pescaito, el sol…?
Pues, creo que todo se debe a una manera de vivir que palpas y ves desde que eres pequeño. Después conoces otras cosas y te das cuenta que las que te tiran son las que viviste de niño. Todo eso me motiva más para seguir trabajando duro con la idea de volver a mi tierra cuando acabe la etapa deportiva y volver a disfrutar de todo eso.
Vamos a ponernos en situación. Si te doy a elegir entre una tortita de camarones y caviar, ¿por dónde flaqueas?
Sin dudarlo un segundo, con la tortita de camarones (sonrisas).
Y todo eso condimentado con…
Música, con flamenco, por supuesto. De allí han salido Camarón, José Mercé, El Barrio, Maita Vende Ca, Remedios Amaya, La Niña Pastori… Todos ellos son cantantes a los que he escuchado desde que era pequeño. Gitanos no somos, pero a toda mi familia, desde siempre, le ha gustado mucho el flamenco. No sé, son cosas que desde que eres chico mueven siempre al andaluz. Son cosas que se te pegan… Tengo todos los discos de Camarón, de José Mercé y de los cantantes que te he comentado. Íbamos en el coche con mis padres y los escuchábamos porque a ellos les gustaba este tipo de música y, al final, se te acaba pegando.
¿Qué te dice esa música y sus canciones?
Me provocan un sentimiento especial. Cuando escucho esas canciones me mentalizo y pienso en la letra. No oigo una canción por hacerlo, cuando lo hago es porque me dice algo.
Vamos, que eres un contrapunto a esa juventud que adora los ritmos raperos y demás tendencias modernas.
Cuando estoy en la selección o en mi equipo, choca mucho más mi gusto musical. Por eso me llaman gitano. Pero yo soy así y cada uno tiene sus gustos.
¿Cuál es tu canción favorita?
Me encantan “Y al horno” y “Yo pego un tiro al aire”, ambas de Camarón, y “Aire”, de José Mercé.
¿Te atreverías a coger un micrófono y cantar?
No. Canto con mis amigos y en mi casa, pero nada más.
¿Y a ponerte delante de un toro? Dicen por ahí que la tauromaquia es otra de tus debilidades.
Me encantan los toros. De pequeño siempre decía que quería ser futbolista o torero. He tenido la gran suerte de pertenecer a un pueblo del que siempre han salido buenos toreros, sobre todo Curro Romero, que era mi ídolo, junto con El Cordobés. Alucinaba cada vez que le veía hacer el salto la rana. No sé, el mundo taurino es algo que también me inculcaron desde niño.
Bueno, pero no me has contestado: ¿Te podrías delante del toro?
Yo creo que sí, porque cuando te gusta algo tanto merece la pena arriesgar. El toreo es un arte en el que te juegas la vida. Como se dice en mi tierra hay que tener dos huevos para plantarse ahí delante (risas).
¿A qué puede ser comparable el vestirse con un traje de luces?
A jugar una final de la Champions con la camiseta del Real Madrid.
¿Dónde firmarías tu mejor faena?
En La Maestranza, aunque tampoco estaría mal salir por la puerta grande en Las Ventas. No conozco esa plaza, pero de este año no pasa.
¿Y qué suerte taurina te pone la carne de gallina?
Me encanta la suerte de la espada, pero también es cierto que me da mucha pena ver morir al toro.
Fue un placer hablar de todo menos de fútbol.
Gracias, hasta la próxima.
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