04/01/2007
Javier Tamames
La Revista Hala Madrid, en su número 21, publica esta deliciosa entrevista a Míchel Salgado. Siguiendo la norma de la sección, "Prohibido hablar de fútbol", el internacional gallego descubre sus principales hobbies, centrados especialmente en el mar: el surf es la gran pasión del jugador de Vigo, que a lo largo de la entrevista también confiesa su afición por los coches y los caballos.
Ha mariscado, hace surf, adora los caballos, los coches… Su carácter le impide quedarse sentado en el sillón y por eso no pierde ocasión para descubrir cosas. Es una consecuencia innata a su forma de ser: “Soy inquieto, de carácter fuerte y muy amigo de mis amigos”. Así se define Míchel Salgado, una persona fiel a sus raíces (“Cuando veo la ría de Vigo siento algo en mi interior”), que tiene muy claro el lema que se debería aplicar a la vida: “Vive lo mejor que puedas sin pisar a nadie”.
¿Cómo es Míchel Salgado fuera del terreno de juego?
Es una pregunta que deberían contestar otros, pero si me toca hacerlo…Diría que soy una persona normal. Cada vez más familiar, pues el tener dos niños te obliga también a serlo. Soy inquieto, en todos los sentidos. Me gusta hacer cosas, viajar, ir al cine, escuchar música… También es cierto que tengo un carácter fuerte; como suele decirse ‘tengo pronto’, pero también soy muy amigo de mis amigos.
¿Qué te llevarías a una isla desierta?
A mi familia, a mis amigos y una tabla para hacer surf. La verdad es que poco más necesito.
Vaya pasión ‘surfera’.
Sí. Al margen de remontar, es decir, de subir al pico de la ola, que es lo más difícil de lograr, la sensación más agradable la vivo cuando estoy esperando la ola, en medio del mar. Es algo que te provoca una sensación de libertad. Estás tú y la naturaleza. El mar transmite, te dice cosas. En ese momento, cuando estás eligiendo la mejor ola tienes tiempo para disfrutar: metes la cabeza debajo del agua, te subes a la tabla y te relajas. La gente que hemos nacido cerca del mar notamos esa sensación.
Es decir, que entre el mar y Salgado hay química.
El mar me llama. Sin contar a la familia, es lo que más echo de menos. Me cuesta no tenerle al lado, porque disfruto mucho con él. Cuando ‘pillo’ una olita, y digo olita porque aún estoy en fase de aprendizaje, no sé si llega a ser una explosión de adrenalina lo que siento, pero diría que sí.
¿Dónde te irías a buscar olas?
A muchos sitios. Hawai, Las Maldivas, Indonesia, Australia, Sudáfrica… No sé, me encantaría ir a Las Maldivas y a zonas donde haya olas para gente de nivel medio, porque no tengo tiempo para ser una máquina del surf (sonrisas).
Hablabas antes de tu pasión por el mar ¿Llevas grabada la herencia de la ría?
Cuando se habla de la ría de Vigo se habla de algo nuestro. La ría significa muchas cosas. Es algo que le da a la ciudad una belleza increíble. Levantarte por la mañana, coger un barquito e irte a las islas Cies, la isla de Ons, a la playa de Barra… es algo impagable. Lo que te da esa ría lo tienes en la cabeza y yo cuando la veo siento algo. La añoro mucho.
¿Has mariscado en ella?
Claro que lo he hecho. He cogido, de pequeño, percebes y mejillones. Pero, ojo, nosotros cogíamos unos poquitos de percebes y de los fáciles de coger. El que coge los buenos y vive de ello arriesga su vida, porque ésos se encuentran donde rompe la ola en la roca, y eso es muy duro. Pero lo que te decía: cuando nos íbamos de acampada cogíamos nuestras cositas para el aperitivo.
Donde esté una mariscada que se quiten…
Uff! Muchas cosas. Una mariscada es lo típico de los gallegos y una buena mariscada está por encima de muchas cosas. Comerte un buen centollo es una pasada. El secreto está en la cocción. Todo tiene su truco, es lo mismo que pasa con los percebes. Tienen que estar en su punto porque si están blandengues o muy hechos… Luego hay que cogerle el punto de sal. Todo tiene su aquel.
El surf, los coches, los caballos… ¿Podemos decir que a Míchel le gusta vivir a toda velocidad?
Yo diría que me gusta vivir intensamente todo lo que me da la vida y me ofrece el mundo. Soy de los que creo que cada cultura te ofrece algo nuevo, lo mismo que cada lugar y cada momento. Siempre intento probar y ver cosas nuevas; eso es algo que me atrae mucho, porque el mundo no es sólo tu ambiente, ya que todo lo que podemos hacer abarca mucho más. De esta forma descubres cosas que no creías que podían ser así y las disfrutas. Por ejemplo, y volvemos al mar, el ambiente que hay entre los ‘surferos’ es increíble y hasta hace poco lo desconocía. Me encanta viajar, ver cómo piensan las personas, analizar porqué creen que lo nuestro es malo o viceversa, simplemente porque son educaciones distintas. Me encanta descubrir cosas nuevas.
Hablando de coches, otra de tus pasiones, ¿cómo eliges modelo?
Vas cambiando con la edad. Empecé decantándome por los rápidos, por los deportivos. Ahora, buscó más un modelo deportivo, pero que me dé una comodidad, una elegancia. A los que nos gustan los coches tener un vehículo bueno es un capricho. Lo disfrutas porque es un privilegio. El coche termina convirtiéndose en un cómplice tuyo, y le coges cariño porque es una parte importante de nuestra vida.
Pasemos a los caballos ¿Qué representa este animal para ti?
El caballo es belleza, elegancia. Es uno de los animales más bonitos que hay. El de los caballos es un mundo fascinante. Yo la verdad es que me he metido hace poco en él y he tenido la suerte de tener una yegua ganadora desde el primer día ¡Yo, novato y ella, ganadora! Un caballo te da sensación de potencia. Es impresionante verlos galopar.
Desde tu perspectiva actual, ¿a qué te habrías dedicado si no hubieras sido futbolista?
Es que no se puede decir, porque todo depende de la situación económica. Es la gran realidad de la vida. Me imagino que habría seguido con la carrera de empresariales que empecé y, como mis amigos de Vigo, tendría mi trabajo. Lo que sí creo es que sería igual de inquieto y además tendría más tiempo para surfear (sonrisas). Acabaría la jornada laboral y me iría todos los días a la playa, con mis amigos y mi familia. Lo bueno de Vigo es que te da esa calidad de vida de las ciudades más pequeñas en las que cada día puedes desconectar del trabajo. Si esa fuera mi vida, también sería feliz, estoy seguro.
¿Cúal es tu libro de cabecera?
‘La fiesta del chivo’, de Vargas Llosa. Trata sobre la vida del dictador Trujillo, en la República Dominicana. Me impactó la historia y lo que se vivió en ese momento.
¿Qué tipo de música escogerías para olvidarte de lo que te rodea?
Me encanta la música, desde el heavy hasta lo más clásico. No sé, quizás para un momento así escogería a Manolo García. Aunque también me gusta ‘U2’, a nivel internacional, y últimamente he ido conociendo a los componentes de ‘La Oreja de Van Gogh’, de ‘Pereza’, de ‘Dover’ y eso hace que te vayas acercando a ellos.
Dinos un vicio confesable.
Antes los coches, pero ahora he decaído en ese sentido. No sé… Bueno, podríamos decir los días en los que me cojo y me voy con mi barquito. La verdad es que mi vicio es que me encanta mi vida, es maravillosa.
¿Qué acontecimiento histórico te habría gustado vivir?
Me habría gustado estar en la caída del Imperio Romano, porque soy un enamorado de los romanos, de su literatura… Creo que los romanos representan el 80 por ciento de nuestra cultura y de lo que tenemos. Me impacta todo lo que hicieron en esa época, fueron muy inteligentes. Me encantaría haber estado para descubrir el porqué de su caída.
La última: un lema para la vida.
‘Vive y deja vivir’, que yo lo transformo en un ‘vive lo mejor que puedas sin pisar a nadie’. La clave está en el respeto. Ése es el mejor lema.
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