Noticia
27 de marzo de 2008
Realmadrid.com
En su segundo artículo para Realmadrid.com, Ricardo Gallego recuerda aquella final que disputó con España en un Campeonato de Europa, y que perdió frente a Francia. Aquel referente adquiere una mayor magnitud al confrontarlo con el título que ha ganado España frente a Alemania. Gallego rozó con las manos el triunfo, aunque aquella generación de extraordinarios futbolistas también recibió un recibimiento especial. Y también aquellos fueron considerados, con todo merecimiento, como ganadores. Ahora es el mejor momento para brindarles un nuevo homenaje.
Es difícil, para mí, explicar lo que siente un jugador que conquista una Eurocopa de Naciones, ya que nunca la he ganado. Sin embargo, puedo imaginar que debe ser una sensación extraordinaria. He estado en una final y la he perdido (frente a Francia, en 1984) y la reacción al principio es de desolación, probablemente por haber estado tan cerca y no haberla conseguido. Después, cuando llegas a España y ves el recibimiento que se produce en el aeropuerto, te das cuenta que has conseguido enganchar a la gente y que a pesar de perder, la mayoría reconoce que haber jugado la final es suficiente.
Según pasan los días vas tomando conciencia de lo que has estado a punto de ganar, de que has sido uno de los protagonistas de un evento de nivel internacional y de que el tiempo siempre te recordará como finalista. Si bien es cierto, y muchos así lo piensan, que solo queda el campeón, también hay que reconocer que siempre va relacionado al equipo con el que se enfrentó en esa final, de manera que también aparecerá España en el comentario de esa final. Cuando llegas a Madrid y ves el recibimiento, vuelves a ver a tus familiares o a tus amigos y estas unas horas con ellos empiezas a sentir lo que verdaderamente has conseguido.
Sólo una Eurocopa como la que acabamos de vivir te da la magnitud de lo difícil que es llegar y ganar un torneo como éste. Solo ahora se ha empezado a reconocer lo que se consiguió en 1964 y en 1984. Sólo este gran triunfo sirve para recordar a aquellos que participaron en aquellas finales.
Ricardo Gallego
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De benjamín a juvenil: Un tránsito de ilusiones, responsabilidades y miedos
En este interesante artículo, Ricardo Gallego nos ofrece una reflexión sobre la evolución que experimentan los jugadores de la cantera madridista, desde las etapas iniciales hasta alcanzar la categoría juvenil. Gracias a su visión directa, desgrana este largo camino donde el crecimiento físico también se complementa con el sicológico, donde crecen las responsabilidades, dudas y miedos, y donde intervienen agentes externos que hay que saber encauzar.
Desde mi nueva ubicación en la Ciudad Deportiva como Adjunto a la Dirección de la Cantera veo pasar todos los días a muchos jugadores llenos de ilusión. Bajo mi impresión, parece ser que los que mayor ilusión desprenden son los jugadores más jóvenes. Se les ve llegar cargados con unas mochilas que, en algunos casos, son más grandes que ellos. Llegan acompañados por sus padres y, probablemente al contrario de lo que sucede cuando llegan al colegio, se desprenden de ellos sin ningún llanto. Van corriendo a todos los sitios, siempre jugando y deseosos de empezar el entrenamiento. Durante la sesión se muestran atentos a lo que les indica el entrenador. Para ellos el tiempo nos es importante siempre están dispuestos a seguir entrenando. Prácticamente hay que echarlos del campo. Sus padres esperan a que terminen y disfrutan con sus hijos como si fueran tan niños como ellos.
También encuentro jugadores que siguen manteniendo ilusión pero empiezan a tener más dudas y miedos. Son aquellos jugadores un poco mayores: Infantiles. Se van enfrentando a jugadores más grandes, más hechos y en algunos casos con más condiciones que ellos. Y no hablo de contrarios, sino de sus propios compañeros. En estas edades un mes es mucha diferencia y eso se nota en cada entrenamiento. Dentro de la misma categoría se encuentran con jugadores que han nacido en enero y con otros que cumplen sus años en diciembre. Las diferencias son notables. Injusticias de la naturaleza. Pero la ilusión que mantienen les hace superar este tipo de dificultades. Los padres van viendo como unos mejoran a una velocidad y otros a otra. Van notando el avance de cada compañero de su hijo y empiezan a comparar. Por desgracia ya se les empiezan a acercar agentes de jugadores para iniciar contactos.
Los más jóvenes son los que desprenden mayor ilusión Nos cruzamos con jugadores que empiezan a sentir la responsabilidad. Aun no es muy grande, pero cada vez que salen al campo notan que la gente espera mucho de ellos. Son jugadores de categoría Cadete. Están dejando de ser niños y aunque es una edad muy difícil son capaces de centrarse en lo que mas les gusta, jugar al fútbol. A partir de este escalón se les exige mucho más. Se les exige porque sabemos que pueden hacerlo, que tienen capacidad para lo que les pide su entrenador y para mucho más. En el aspecto físico aparentan que son mayores, pero aún son unos niños. Las diferencias motivadas por la edad son menores. Inician una etapa en la que sus padres empiezan a pensar que su hijo va a ser jugador de fútbol profesional. En algunos casos anteponen el fútbol a la formación educacional de su hijo. Mal hecho. Se pueden hacer las dos cosas. Aquellos padres que no inculcan a sus hijos que pueden trabajar en los dos caminos no le están haciendo ningún favor, más bien lo contrario. Los agentes están encima a todas horas. Siguen y persiguen a los jugadores para hacerse con su representación.
Empezamos a ver la tensión en jugadores de edad juvenil. Para muchos, la categoría decisiva a la hora de la formación de un jugador. Para nosotros todas son determinantes, cada una ha tenido, tiene y va a tener su importancia. El primer año de juvenil es una toma de contacto, una pequeña iniciación a lo que les espera en las próximas tres temporadas. Se van a enfrentar a jugadores mas corpulentos que ellos, pero en su mayoría con menos condiciones futbolísticas. También jugarán contra jugadores mejores y deberán aprender rápidamente de ellos. Se van dando cuenta que nos es nada fácil llegar a ser jugador de fútbol. Cada día, cada entrenamiento es un momento idóneo para mejorar y aprender. Siguen manteniendo la ilusión, pero en algunos casos empieza a surgir el miedo. Miedo a no ser capaz de mejorar, miedo a no seguir el ritmo que se necesita, pero sobre todo miedo a no ser futbolista. ¿Y los padres? De los nervios. “Mi hijo, mi hijo”. Todos son los mejores. En muchos casos es así, pero todavía no se ha conseguido nada. Queda aún mucho por recorrer.
Los juveniles de segundo año ya están adaptados a la categoría y saben qué hay que hacer para seguir adelante. Ya no tienen miedo a enfrentarse a jugadores más corpulentos y mayores que ellos. Juegan sin complejos y están llenos de ganas por conseguir llegar al juvenil superior. Los padres no saben que hacer. Los agentes les llenan de promesas, les llenan la cabeza con el futuro. En sus comportamientos y planes para sus hijos empiezan a tener mucha influencia las convocatorias de las Selecciones Nacionales y Autonómicas. No todos saben llevarlo y esto influye en el rendimiento.
Por fin llega el Juvenil A. El inicio de temporada es ilusionante. Todos empiezan con unas ganas increíbles. La competición empieza a pasar factura. Se están enfrentando a los mejores de la categoría y competirán con los mejores equipos de toda España. Hay que demostrar en cada partido el nivel que se tiene, no vale ser irregular. La exigencia empieza a ser parecida a la de un profesional. Deben tomar decisiones sobre prioridades en la vida y dejar para otro momento acciones propias de personas con su edad. En ningún caso referente a la progresión en los estudios. El final de esta categoría está muy marcado por la llegada a otra donde la protección de la edad va a desaparecer. Los próximos años jugarán contra jugadores de todas las edades, estilos, jugadores que vienen rebotados de categorías regionales o nacionales, leñeros, provocadores o en su caso también contra muy buenos jugadores, ¿por qué no?, que no han podido jugar en grandes equipos. En algunos casos los padres ven a sus hijos envueltos en un aura de fama y dinero. Esto dificulta nuestro trabajo en muchas ocasiones.
Nosotros hemos sido como ellos. Bueno, no había agentes. Nuestro trabajo consiste en ayudarles, aconsejarles, guiarles o enseñarles cual ha de ser, a nuestro entender, su comportamiento en cada situación. En definitiva, mostrarles que para llegar a ser jugador profesional de fútbol se necesita mucho trabajo, dedicación, ilusión, sacrificio, respeto a los compañeros y a los rivales y sobre todo, conocerse a si mismo y saber cuales son sus condiciones reales.