Paraná, apócope de la expresión para reje onaba que en idioma tupí significa pariente del mar. En dicho río, grandiosa frontera fluvial que separa Argentina, Brasil y Uruguay, y cuya longitud total es de 3.940 km, es donde Gabriel Heinze hace, desde que era niño y siempre que su profesión se lo permite, sus pinitos con la caña y el sedal. “Es una delicia sacar un dorado, una boga o un sábalo”, afirma. Se confiesa “un enamorado” de los caballos y del campo. Y asegura que “compartir un asado y un buen mate es sagrado” para un argentino. Es el “Prohíbido hablar de fútbol” de la revista Hala Madrid del mes de marzo.