Noticia
07 de mayo de 2009
Realmadrid.com
Miguel López Alegría ha vivido una experiencia con la que todos hemos soñado alguna vez: salir al espacio exterior y divisar el planeta tierra desde kilómetros de distancia. Este astronauta, además de ser de sangre española, es seguidor incondicional del Real Madrid desde su más tierna infancia y, aunque su trabajo en la NASA le mantenga lejos de su tierra, sigue la actualidad de su equipo desde tan lejos: “Gracias a Intenet puedo seguir todos los resultados y, si me levanto pronto, también puedo ver los partidos”. Este madridista además, se sintió orgulloso, en los micrófonos de Realmadrid Radio, de haber llevado la bandera de su equipo al espacio y convertir así al escudo del club blanco en el único que ha traspasado las fronteras de nuestro plantea.
Si tenemos en cuenta que la estación espacial de la NASA, en la que Miguel López Alegría estuvo meses trabajando, viaja a más de 350 kilómetros de velocidad alrededor de la tierra y que tarda en dar una vuelta al mundo en sólo noventa minutos, podemos hacernos una idea de lo que el escudo del Real Madrid ha viajado por el mundo. Porque este astronauta de sangre española afincado en Houston llevó orgulloso su bandera al espacio cuando se convirtió en el primer hombre español en traspasar la atmósfera terrestre y contemplar una vista incomparable: “Me enorgulleció ser el primer hombre de sangre española en salir al espacio y más aún cuando me permitieron llevar también la bandera de mi equipo favorito. Ningún otro equipo ha llegado al espacio de esta manera.”
Y es que este madridista pudo, en poco tiempo, vivir dos experiencias inolvidables. Cuando volvió de su periplo por los cielos, tuvo la oportunidad de visitar el Santiago Bernabéu y quedar sorprendido por su belleza: “El Club me invitó a hacer el saque de honor en un partido ante el Celta y me sorprendió la grandeza del estadio. En Estados Unidos hay mucha pasión por el Béisbol, pero no hay campos de semejante magnitud”. No en vano, y como él mismo cuenta, la estructura del edificio madridista puede divisarse también desde el espacio, un dato que, cuando estuvo en disposición, pudo experimentar el astronauta: “A simple ojo es imposible divisarlo, obviamente, pero con un objetivo pude observarlo y hacerle fotos”.
A la espera de su próxima aventura (ha viajado ya varias veces al espacio), aprovecha el tiempo libre en sus aficiones que comparte con algunos de sus compañeros de profesión: “A un compañero alemán también le gusta mucho el fútbol e hizo una demostración de ingravidez con un balón en la estación. Fue sorprendente”. Afición que, sin embargo, echa de menos por la pasión que se imprime en este país y de la que carece en Estados Unidos: “Aquí hay varios deportes muy populares como el baloncesto, el hockey, el béisbol o el fútbol americano, pero ninguno se vive con la pasión con la que se vive allí el fútbol”.
Aún le quedan viajes por realizar a este astronauta. Tiene que volver a España, un lugar al que le gustaría regresar: “Quiero vivir allí aunque sea medio año, pero es difícil arrancar”, o ¿quién sabe?, la luna sea una de sus asignaturas pendientes: “Llegaremos, es cuestión de tiempo”. En ese viaje, seguro, pondrá todo su empeño, su ilusión y su talento como ha ido haciendo hasta ahora y, como madridista que es, posiblemente se le pase por la cabeza que la bandera de su equipo ondee también en el único satélite natural que posee la tierra. Por él no quedaría si estuviera en su mano.