Noticia
11 de noviembre de 2008
Realmadrid.com
Hubo un tiempo que al mejor pívot de Europa se le conocía como el hermano de Alfonso. Ahora es a Alfonso el que se le conoce como el hermano de Felipe. O así lo dice él. Los hermanos Reyes son parte importante de la historia del baloncesto ACB. Alfonso recientemente retirado, Felipe destrozando estadísticas en cada partido. En el blog que mantiene el mayor de los hermanos en la página web de la FEB (Federación Española de Baloncesto) cuenta como ve los toros desde la barrera.
El hermano de Felipe
Ese soy yo. No tengo más remedio que aceptar la realidad. Hubo un tiempo en el que los papeles se intercambiaron y él sólo era el hermano pequeño; sí, con gran futuro pero el segundo de a bordo y sin hacer sombra al primogénito. Grandes cualidades, progreso diario, pero siempre a la sombra de Alfonso. Y pensar que en China toda la gloria habría sido para mí con eso de la política del hijo único…
Sin embargo, un día decidió ser mejor que su hermano, y vaya si lo consiguió. Es muy duro decir que ya no soy ni el mejor de mi familia. La cosa tiene bemoles.
No podéis imaginar el bochorno que experimento cuando un aficionado se acerca y me pide un autógrafo. La primera sensación es de satisfacción al suponer que todavía se acuerdan de uno, pero inmediatamente se me caen los palos del sombrajo cuando me espeta:
- “Felipe, el próximo partido a ver si machacáis al …”
Cuando le recuerdo que no soy aquél por cuya rúbrica suspira sino sólo un arcaico sucedáneo, entorna los ojillos y me mira con más atención diciendo:
- “Ah, pues os parecéis mucho”
Me arrebata el boli y como si de un apestado se tratase huye de mí pensando cómo ha podido confundirme con el bueno de los Reyes.
Ya conocéis cómo es mi relación con el aficionado desde que soy el hermanísimo. Ni Juan Guerra lo tuvo más difícil.
Hablando un poco más en serio, tengo que confesar que no siempre se confunden y algún que otro friki quiere mi firma. Es cuando me paso de listo y le digo que no soy el innombrable. El antediluviano aficionado (bagaje baloncestístico de varias décadas para poder conocerme) pone cara de sorpresa y me contesta que ya lo sabe. Es entonces cuando me llega el éxtasis y no le cuento mi vida porque suele cortarme a tiempo.
Y continuando totalmente en serio, sabed que me encanta que sigan recordándome tanto como me gustaba en tiempos de jugador que la gente se acercase a comentar, saludar o pedir un autógrafo. Cuanto más interés despiertes, tanto más habrás logrado en tu profesión.
En cuanto a lo de ser el hermanísimo, cómo no me voy a sentir orgulloso de ser familia de este pedazo de jugador y persona que es Felipón. También lo estaría si militase en 5ª regional como lo estoy de mis otros dos hermanos desconocidos baloncestísticamente hablando.
Ya que me he puesto, seguiré hablando del pequeño. Es impresionante la regularidad que manifiesta en cada partido y ya desde hace muchas temporadas. Estrellitas he conocido muchas de esas que destapan el tarro de las esencias y para cuando lo vuelven a abrir ya han caducado, pero estrellas de verdad que cada partido y entrenamiento ponen el alma y el talento al servicio del equipo las puedo contar con los dedos de una mano. Y una de esas estrellas es Felipe. Si pudiera repartir unas gotas de su esencia a algún compañero, ganaban de calle las tres competiciones.
Lógicamente llegarán partidos nefastos en los que nada salga, pero la capacidad de recuperación y el amor propio hacen que se vuelva a levantar enseguida. Atesora un talento tan grande, que sólo aquellos que hemos convivido en un equipo con él podemos hacernos una idea. Por descontado lo de siempre, garra y lucha, pero sin ese talento no habría llegado donde está, en la cúspide de una carrera impresionante que puede durar muchos años más.
Tenía ganas de este panegírico que espero no haya sido demasiado empalagoso. Por último despedirme reafirmado el orgullo que siento por ser “el hermano de Felipe”.
Alfonso Reyes