Noticia
04 de noviembre de 2008
Realmadrid.com
Manuel Amieiro es el padre futbolístico de Iker Casillas, uno de los primeros en apercibirse de la categoría deportiva del portero nacido en Móstoles. Fue digna de elogio la labor que desempeñó con los cancerberos del Real Madrid durante su estancia en la entidad. Una circunstancia le da crédito, por tanto, para analizar de forma objetiva en su primer artículo a Realmadrid.com los méritos contraídos por Iker Casillas en su camino hacia el Balón de Oro.
Es difícil que concedan un título a nivel individual a un cancerbero, pero Iker Casillas ha hecho méritos y logros suficientes en su carrera como para ser acreedor del Balón de Oro. Futbolísticamente ha crecido muchísimo desde que vistiese por primera vez la camiseta del Real Madrid. Esta temporada ha estado a un excelente nivel pero si además se analizan los logros conseguidos a lo largo de las carreras deportivas de cada uno de los candidatos, Casillas saldría muy bien parado. Su regularidad y el trabajo llevado a cabo desde que irrumpió en el fútbol profesional le hacen merecedor con creces de este prestigioso Trofeo individual.
El nivel que ha venido mostrando desde que apareció en Primera División ha sido siempre altísimo. El rendimiento que ha dado tanto en el Real Madrid como en la selección española ha sido descomunal. Me acuerdo como si fuese ayer del 12 de septiembre de 1999. Era un día especial para Iker ya que debutaba en Bilbao con el Real Madrid. Estuvo bastante bien aunque un poco inquieto debido a la responsabilidad que tenía delante. Casillas salió airoso en ese momento y a partir de ahí fue creciendo constantemente hasta convertirse en lo que es ahora: el mejor portero del mundo.
Personalmente es una persona sencilla que tiene la gran fortuna de ser uno de los privilegiados que están en la elite del deporte rey. Mi consejo es que continúe trabajando como lo ha hecho siempre porque, pese a haber conseguido grandes cosas, todavía tiene muchos logros y metas por alcanzar con una camiseta con la que soñó vestir desde niño y a la que sigue haciendo honor cada vez que pisa un terreno de juego.