Noticia
27 de octubre de 2008
Alberto Navarro
El autobús es el único vehículo que ha acompañado al Real Madrid a lo largo de sus más de cien años de Historia. Es fiel reflejo, por tanto, de los éxitos y de los fracasos del club blanco. Es en este medio de transporte donde se concentran una serie de emociones difíciles de explicar y fácilmente imaginables: los sueños que anteceden a un partido, el descanso del trabajo bien hecho, la intranquilidad por no haber cumplido el objetivo e incluso el éxtasis tras haber conquistado un merecido título. Es precisamente por todo ello por lo que se hace necesario llevar a cabo un análisis de la evolución que ha sufrido este fiel compañero de viaje de los blancos.
Un viaje en autobús es siempre distinto. Se puede decir incluso que un sentimiento colectivo de felicidad embarga a los deportistas cuando se suben en él. Los nervios, miedos e inseguridades se quedan en las escaleras para dejar paso a una situación de alegría colectiva y jolgorio general. Nada se deja a lo improvisación, las jerarquías son respetadas en la cesión de asientos y la motivación se ve reflejada en una música elegida a conciencia para la ocasión. Para Alfredo di Stéfano, Presidente de Honor de la entidad, “el autobús era algo que utilizábamos casi únicamente para movernos por Madrid, pero ya por entonces eran muy modernos y tenían muchas comodidades. El Real Madrid siempre ha hecho todo lo posible para que los jugadores fuéramos siempre cómodos”. Un recuerdo totalmente refrendado por Pachín ya que “en aquella época eran autobuses de primera clase. El Real Madrid siempre ha viajado con los mejores coches de la época. Alguna cuesta se les atragantaba, pero en general estaban muy bien”.
Con el paso del tiempo los viajes en autobús han ido evolucionando constantemente, pero hay algo que siempre formará parte de todos y cada uno de los trayectos que se lleven a cabo en este transporte. Todo equipo tiene un himno, una canción especial que motiva a sus integrantes y que, a su vez, hace partícipe de un sueño común a toda la expedición. “Cuando llegábamos a La Castellana siempre cantábamos la canción ‘Doce Cascabeles’ de Joselito. Ése era nuestra particular marcha de guerra”, recuerda emocionado Alfredo di Stéfano. “Es cierto, lo teníamos que cantar todos. Nos daba suerte, si alguien no lo cantaba solíamos pasarlo mal luego en el campo”, continúa Pachín mientras revisa con los ojos vidriosos una foto en la que se puede distinguir a algunos de sus otrora compañeros de equipo y ahora amigos para siempre. Y es que si un viaje en autobús genera un sentimiento ése es precisamente el de unidad. “El autobús era un lugar sagrado, un vehículo en el que se hacía mucha piña”, explica Zoco aún con la mente repleta de recuerdos. “Cuando comíamos en algún sitio nos mandaban por delante. A la hora nos alcanzaba el autobús, cuando nosotros ya habíamos andado bastante. Era una forma un tanto rara de entrenar”.
La estancia en autobús siempre genera sentimientos encontrados de alegría, compañerismo y muchas veces cansancio, una circunstancia que sirve para unir aún más a los expedicionarios. “El trayecto más largo que hicimos fue a Turín, para jugar contra el Torino. Atravesamos los Alpes y pasamos cuatro o cinco horas para llegar desde Niza”, argumenta Pachín quien, pese al paso de los años, aún mantiene una memoria prodigiosa. “Recuerdo ese viaje, fue con mucha diferencia el peor que hicimos. Había mucha niebla y nos tuvimos que bajar varias veces. Tuvimos que ir por delante del autobús como unos cien metros y luego volver a montar. Al final ganamos 1-0, pero luego aquí perdimos por el mismo resultado. Tuvimos que jugar el desempate en París y al final ganamos 3-1, así que el viaje fue duro pero mereció la pena”, esgrime Di Stéfano.
Ignacio Zoco es todo un experto en lo que a viajes en autobús se refiere ya que en este vehículo tuvo que recorrerse todo el país en las tres temporadas en las que jugó en el Osasuna. “Si tuviera que recordar un viaje me quedaría con el que hicimos a Almendralejo. Fue inacabable ya que las carreteras no eran nada buenas y el autobús no alcanzaba más de sesenta kilómetros por hora. Para colmo tuvimos mil averías y además hubo que coger botellas con agua para echárselas al motor ya que éste se calentaba. Se rompió la correa del ventilador, el tubo de escape…una odisea. Terminamos rendidos a las ocho de la mañana”, confiesa finalmente.
Todos ellos examinan con sana envidia y admiración las bondades de la ‘nueva nave blanca’, un vehículo que formará parte de los viajes de la primera plantilla de fútbol y baloncesto. “El nuevo autobús es una gozada, tiene todas las comodidades. Es como estar en el salón de una casa”, expresa Di Stéfano. Una opinión totalmente compartida por Zoco: “Ahora, veo el autobús que ha estrenado el Club y es una maravilla. Las velocidades son distintas, no hay color en cuanto a comodidades, las butacas, llevas refrescos, café, hay mesas para jugar…No falta ningún detalle. Todo avanza y por supuesto esto también. Esperemos que les de suerte”.