Noticia
04 de julio de 2008
Javier Tamames
Fue un niño travieso, que creció con un balón debajo del brazo y rodeado de mineros, según revela el propio jugador. De hecho, su padre se dedicaba, como la mayoría de los habitantes de Knurow (Polonia), a extraer carbón. Esa circunstancia estuvo a punto de convertir a Jerzy Dudek en uno de ellos: “Con 17 años bajé por primera vez a la mina. Les vi trabajar; me sentí un minero más, me sentí un guerrero”. El mismo Jerzy cuenta en “Prohibido hablar de fútbol” (sección de la revista Hala Madrid) cómo fue su experiencia a 400 metros de profundidad. Además, se presenta como un coleccionista de insignias de clubes de fútbol y como un enamorado del golf.
Dudek vivió hasta los 22 años en Knurow, “una ciudad muy bonita, situada en el sur de Polonia, a 60 kilómetros de las montañas”, confiesa. De su infancia tiene imágenes muy claras en su memoria. “De pequeño era bastante travieso y siempre estaba jugando al fútbol. Sólo hacía eso. Entonces, no teníamos ordenadores ni videojuegos como hoy tienen los chicos y teníamos que buscarnos otro tipo de diversiones”.
"Cuando terminé la escuela quise seguir los pasos de mi padre" Los libros nunca fueron su verdadera pasión, pero tampoco les dió la espalda, pues sabía que eran el pasaporte para alcanzar su sueño: “¿Si me gustaba el colegio? Simplemente, tenía que ir… No tenía otra alternativa. Yo quería jugar al fútbol y mi profesor me decía: ‘Si quieres jugar al fútbol, necesitas ir al colegio y sacar buenas notas’. Y era verdad: para poder asistir a la clase de deportes tenía que sacar buenas notas”.
Así, con su sueño rondándole siempre por la cabeza, Dudek vivía en una zona donde la principal fuente de ingresos procedía del trabajo en las minas de carbón: “Mi padre era un minero más, al igual que cientos de hombres allí. Sabíamos que era un trabajo muy duro y nada fácil, pero lo teníamos que aceptar”. Ese convivir diario con la labor paterna le hizo pensar en más de una ocasión en la posibilidad de imitar a su progenitor: “Cuando terminé la escuela quise seguir los pasos de mi padre. No teníamos mucha elección y me preparé para ser minero siendo muy joven. Cuando aún estaba en el colegio, comencé a aprender la profesión de minero y bajaba dos veces a la semana hasta 400 metros de profundidad. Esas prácticas se convirtieron en algo habitual para mí”.
"Durante dos años trabajé duró y aproveché la oportunidad que me brindaron" Por aquel entonces, Dudek parecía casi obligado a renunciar a su sueño: ser futbolista profesional. Hasta que un día, con 18 años, el presidente del equipo de la ciudad, que conocía su interés por el fútbol, le llamó y le ofreció la posibilidad de formar parte de la plantilla: 'Escúchame –me dijo–, tenemos una plaza vacante en el equipo. Si quieres ser portero, vente con nosotros'. "Yo no me lo podía creer. Durante dos años trabajé duro, aproveché la oportunidad que me brindaron y le dije a mi padre que no quería ser minero, que mi sueño era ser futbolista. Se puso muy feliz”.
Pero cuando el meta blanco habla de la profesión de su padre, lo hace con orgullo. Se esmera en los matices por si hay alguien que no sepa lo que significa trabajar en una mina: “La primera vez que bajé tenía 17 años. Sentí mucho respeto y responsabilidad, pero no tuve miedo. Me sentí como uno de ellos, como un guerrero. Estaba orgulloso. Vi que ser minero era muy duro, y eso que yo no hacía trabajos complicados porque era aprendiz. Pero les ves ahí, en las galerías, y descubres que son como un equipo, una auténtica piña. En ese lugar debes estar muy concentrado y ser muy responsable con lo que haces. Hay unas reglas especiales que no puedes romper. Necesitas tener ojos en todos los sitios y está prohibido perder la concentración. Abajo sólo hay un lema: soy tu amigo, dame la mano y hagamos las cosas juntos”.
"Mi madre sufría mucho y me decía: Prométeme que nunca serás minero" Los recuerdos invaden su cabeza. Y, sin pausa, sigue dando detalles para hacer ver que tener a un minero en la familia te hace más duro y te obliga a tener que aceptar posibles desgracias. “Todos los días, cuando mi padre se marchaba de casa nos decía: ‘Adiós con Dios’. Y es así, porque nunca sabes lo que puede pasar abajo. Una vez, en la celebración del Día de los Mineros, invitaron a las familias a ver cómo era el trabajo en la mina. Mi madre acudió, y cuando vio cómo era aquello, lloró, besó a mi padre y nos dijo a mi hermano y a mí: ‘Prometedme que nunca seréis mineros’”.
Por fortuna, el hoy portero blanco no dejó pasar el tren que la vida le ofreció e hizo felices a sus padres. Ahora, con 35 años, tiene unos interesantes planes de futuro: “No sé que haré cuando me retire, pero me gustaría permanecer ligado al fútbol. No sé si quiero ser entrenador, manager, coordinador de fútbol, agente... He vivido muchas experiencias en clubes de fuera de Polonia y me encantaría abrir una escuela de fútbol en mi país, con mi hermano, pues adoro enseñar a los niños. Es algo bonito, pero aún no me lo he planteado seriamente. No me siento presionado por saber qué voy a hacer. La presión me llegará cuando tenga que obtener resultados con los chavales, cuando tenga que enseñarles a escoger el camino correcto y a ser futbolistas profesionales. Ahora, estoy concentrado en mi trabajo y no pienso más allá de hoy. Disfruto del momento. Pero mantengo una filosofía: si se te presenta una oportunidad, haz tu elección tan pronto como puedas”.
"Tengo un total de 500 escudos de equipos y 300 camisetas de portero" Dudek lleva a la práctica su mensaje. Sólo hay que fijarse en cómo comenzó a enamorarse del golf, una de sus aficiones favoritas: “Un día en el jardín de mi casa, encontré un palo de golf que debía pertenecer al antiguo dueño de la vivienda. Lo cogí y empecé a jugar con mi hijo. Me enganché y ahora, aunque no tengo muchas oportunidades de jugar, es un hobby perfecto que me relaja mucho”. Fuera del green, su otra pasión es coleccionar insignias de clubes de fútbol y camisetas: “Tengo en total 500 escudos de equipos y 300 camisetas, todas de portero”. Así es Jerzy Dudek fuera de los terrenos de juego: un hombre comprometido con lo que hace y con inquietudes de futuro.