Noticia
04 de junio de 2008
Patricia Alcubilla
Trabajar de forma desinteresada para los demás no es un hecho común hoy en dia. Por ello, la labor que realizan los voluntarios de la Fundación Real Madrid es tan abiertamente reconocida por todos quienes tienen la suerte de ser tratar con ellos. En cada encuentro, estos chicos y chicas, voluntarios todos ellos de la Fundación Real Madrid, acuden al Estadio Santiago Bernabéu para ayudar a los minusválidos en todo lo que necesiten con el único propósito de que puedan disfrutar con toda comodidad, del juego de su equipo.
“Hasta que nosotros llegamos hace cuatro años, esta zona de minusválidos era un lío porque cada uno se sentaba donde quería y como quería. Nosotros ahora buscamos ayudar a que todos ellos puedan ver el fútbol de una forma más cómoda”, explica Soledad Rodríguez, una de las más veteranas voluntarias de la Fundación Real Madrid con la que lleva colaborando seis años y a la que presta su ayuda desinteresada para todos los actos que organiza y que van desde la Cabalgata de Reyes hasta el Maratón por la Integración.
Dos horas antes de cada partido, los voluntarios de la Fundación se reúnen frente a la puerta 33 para organizar el día. Allí no suelen faltar Sole, AnaIs, Dani Simón, Dani Claramunt o Gopar, aunque, como ellos mismos explican, el número suele variar “dependiendo del día”. Un breve saludo y tras eso se dividen y colocan en sus posiciones uniformados con su peto amarillo: el fondo sur y la tribuna norte. A pie de campo, y junto a la rampa de evacuación del fondo sur, se extiende la primera zona habilitada para los minusválidos. La más grande. En ella pueden caber hasta 75 personas, aunque han llegado a tener mucha más gente. Es entonces cuando tienen que echar mano de toda su habilidad organizativa para distribuirles por todo el perímetro del córner. Aunque, como bien explican “esto sólo ocurre en partidos muy especiales”. Lo normal es que haya unas sesenta personas. Allí Sole se encarga de organizar a los voluntarios que suelen ser entre 3 y 5. Cuantos más haya, más posibilidades hay de que alguien se acerque hasta las puertas 10 y 33, para ejercer de informadores de aquellos minusválidos que, sin ser socios, hayan comprado su entrada para presenciar el encuentro o bien, acudan con alguna de las invitaciones que tiene la ONCE para cada partido. El resto espera a pie de rampa la llegada de cada minusválido para acompañarle hasta su sitio. “Lo que intento es que seamos cuatro para que dos estén en los tornos y así puedan traer las sillas hasta donde estamos nosotros y abajo les ubicamos en el mejor sitio posible e intentamos que estén cómodos. Normalmente traen acompañante, pero si no lo traen y necesitan algo, nos lo piden. Para eso estamos”, explica Sole. De hecho, la finalidad de este servicio que presta la Fundación es que los minusválidos puedan acudir solos al Estadio y que sean ellos los que les atiendan en el caso de que necesiten acudir al baño o comprar algo.
Una hora y cuarto antes del comienzo del encuentro, las puertas del Estadio Santiago Bernabéu se abren y comienza a entrar el público. Una vez comprobado que las sillas están en su sitio y que los baños están limpios, los voluntarios se colocan y comienzan a recibir a los primeros minusválidos y acompañantes. Nunca falta un saludo, una sonrisa o un comentario. Gestos todos ellos que les han valido para ganarse en poco tiempo la confianza de, no sólo la gente del Estadio, sino la de los propios minusválidos, lo que ha hecho que en estos cuatro años hayan pasado a ser, como califica Dani Simón “una parte más del Estadio”.
Una parte muy querida. José Luis, Miguel Angel, Paloma, Diego, Alvaro, Félix, Ricardo… todos ellos son algunos de los que acuden cada fin de semana al Estadio Santiago Bernabéu. Todas sus palabras son de elogio para la labor que desarrollan los voluntarios a los que califican de “atentos, amables, simpáticos y pacientes” y de los que destacan que “nos ayudan en todo lo que necesitamos con una sonrisa”. Nada tiene que ver esto con sus quejas que van más relacionadas con el mal estado de la rampa de acceso desde la puerta 48. Este cariño es recíproco, ya que, en opinión de Dani Simón “esto es como ver el fútbol con los amigos, te cuentan qué les ha pasado durante la semana y se hace una pequeña amistad”, en lo que coincide Dani Claramunt.
Por riguroso orden de llegada se les va situando en primera fila, eso sí, diferenciando entre socios y los que no lo son, para lo que decidieron repartir la zona en dos, dando preferencia a todos aquellos abonados. Aunque la limitación de la zona hace que algunos no estén muy conformes. Ahí llegan los primeros problemas, que suelen coincidir con el comienzo del partido y que estos voluntarios solventan a base de mucho diálogo. Este problema de espacio es mayor en el Fondo Sur que en la zona de tribuna, donde los socios no están expuestos a las inclemencias climatológicas, pero, donde a veces, los voluntarios se encuentran con problemas como el excesivo volumen de las sillas de ruedas de algunos aficionados extranjeros que acuden al Estadio.
Con el balón ya en juego, los voluntarios esperan de pie a que los espectadores más rezagados estén en sus sitios y se sientan, pendientes en todo momento de lo que ocurre en su zona.
Similar tarea y responsabilidad a la del Fondo Sur es la que tiene Ana Isabel Caballero, Gopar y el resto de voluntarios en la tribuna, aunque en esta zona hay menos gente. Como máximo, acuden 44 personas. En total, y entre ambas posiciones, cerca de un centenar de personas a las que no les falta de nada gracias a todos los voluntarios de la Fundación.
Cada quince días, todos ellos cumplen con un cometido poco conocido pero esencial en el Estadio Santiago Bernabéu y lo hacen de una forma totalmente altruista. Aunque, en su opinión, el trabajo tiene gran cantidad de recompensas. “Tienes que ver su alegría al llegar al campo y verte. Te aportan gran cantidad de valores humanos. Nos ayudan a valorar lo que tenemos, porque pese a sus discapacidades, van al fútbol y lo disfrutan y eso hace que valores mucho más lo que tienes”, explica Ana Isabel. “A mi lo que más me ha impresionado es ver a niños con discapacidad juntarse”, añade Sole. “Yo también me quedo con los niños que no pueden hacer muchas cosas en su vida cotidiana pero que cuando vienen aquí se olvidan y disfrutan del fútbol”, concluye Gopar.
A eso. A que todas estas personas puedan disfrutar de su equipo favorito es a lo que contribuyen estos voluntarios de la Fundación Real Madrid. Un ejemplo de entrega, esfuerzo y solidaridad en el Estadio Santiago Bernabéu.