¿Hubiera sido más bonito en el Bernabéu? Seguramente. Pero si alguien pensaba que la celebración de la Liga sería fría y deslucida por producirse a más de 400 kilómetros de la Capital, estaba más que equivocado. El pitido final de Medina Cantalejo fue antesala de la auténtica explosión de júbilo que se descargó sobre el césped del Reyno de Navarra, viajó en avión hasta Madrid y encontró su punto álgido ante la Diosa Cibeles. Pero no crean que ahí se produjo el final del apasionante cuento de esta Liga. Aún restan dos fiestas más junto al madridismo. La primera, el próximo miércoles ante el Barcelona. La segunda, el 18 de mayo ante el Levante, donde se echará el cierre definitivo a esta campaña. Busquen entrada…