Noticia
26 de septiembre de 2008
Realmadrid.com
En su segundo artículo para Realmadrid.com, Javier Lozano destaca que actualmente todo tipo de entrenamiento, sobre todo en el alto rendimiento, tiene que verse reflejado en el juego real; o lo que es lo mismo, el entrenamiento debe transferirse a la competición. Con esa línea argumental, el responsable del área profesional integrada en la Dirección de Fútbol describe la importancia de las tareas jugadas basadas en situaciones de juego real.
Las tareas jugadas son tareas basadas en situaciones de juego donde se desarrollan cualquiera de los principios generales del juego colectivo, tanto ofensivos como defensivos: conservación del balón, progresión hacia la portería rival, la finalización, recuperación del balón, obstaculizar la progresión del balón y el rival hacia nuestra portería y evitar la finalización del contrario.
Con este tipo de tareas lo que estamos persiguiendo es monitorizar el juego real y segmentar aquellas partes que engloban los mencionados principios con el objeto de corregirlas o perfeccionarlas mediante un entrenamiento real y específico de las mismas.
Este tipo de ejercicios o tareas tienen algunas particularidades y propiedades:
A partir de estas pinceladas sobre este tipo de entrenamiento, depende del entrenador detectar cuales son los objetivos que se deben trabajar y qué tipo de tareas ayudan a conseguirlo. No hay que cerrarse a ninguna posibilidad y hay que fomentar la creatividad en el diseño de ejercicios, con la única excepción de que deben alinearse con el juego real y con el objetivo que perseguimos. Si no es así, estamos hablando de otra cosa.
Javier Lozano
OTROS ARTÍCULOS DE JAVIER LOZANO
Análisis exhaustivamente el liderazgo que se debe ejercer en la alta competición
Actualmente, la palabra líder y todas sus derivaciones las encontramos en todos los aspectos de la vida: empresa, familia, amigos y, sobre todo, deporte.
Siendo éste último el ámbito que nos ocupa, me gustaría hacer unas reflexiones fruto de mi experiencia de 16 años como gestor de grupos en la alta competición.
En primer lugar, como concepto preliminar, tenemos que estar convencidos que el verdadero motor de una organización deportiva (y no deportiva) es el capital humano. A partir de aquí, será nuestra obligación conocer los sueños, los miedos, las filias, las fobias y los intereses individuales de cada persona que compone el grupo.
El siguiente paso será conseguir la cohesión del grupo, es decir, que todos sean capaces de alinear sus intereses particulares en la misma dirección para poder alcanzar el objetivo general. Y para ser capaz de luchar por un interés común tiene que existir un compromiso e implicación. En este sentido, la experiencia me dice que nadie se implica y compromete si no se siente importante dentro del grupo o de la organización. Podemos mandar, y la gente se limitará a obedecer, es decir, simplemente cumplirá de manera políticamente correcta. Sin embargo, si le hacemos partícipe del proyecto, del objetivo, de la tarea, con sus correspondientes reconocimientos, estoy seguro que esa persona se dejará la piel en su consecución, porque su autoestima se verá recompensada. Ahora bien, no debemos olvidar que el compromiso es una vía de dos direcciones: se exige y se ofrece.
Otro factor importantísimo en la cohesión del grupo reside en el clima o atmósfera que predomine. Si creamos un clima de miedo o castigo, el objetivo de los componentes del grupo será no fallar, por lo que se aniquilará la creatividad y la libertad. Si, por el contrario, fomentamos un clima de confianza e ilusión, potenciaremos el talento oculto y los retos.
Otra palabra clave en el camino hacia el liderazgo es el conocimiento, pero en tres dimensiones: De uno mismo, de los demás y de la materia.
El autoconocimiento es el principio de la sabiduría. No podemos autocontrolarnos si no nos conocemos perfectamente. Para ello es básico que no nos engañemos ni busquemos excusas continuamente. La sana autocrítica nos hará crecer.
El conocimiento de los demás nos lo aportará, sobre todo, la escucha activa y la empatía. Si nos ponemos en el lugar del otro ahuyentaremos todos los falsos estereotipos y esquemas mentales previos. Por último, el conocimiento de la materia nos aportará credibilidad ante los demás y seguridad en la toma de decisiones complicadas.
Debemos manejar la motivación como si se tratase de un fuego: Cuando la llama está demasiado baja (excesiva relajación), insuflamos aire. Cuando la llama está demasiado alta (ansiedad), echamos agua. Lo ideal es tener el grado de activación óptima para poner la máxima energía en la tarea sin que el exceso o el defecto sea un problema. Recordemos las cuatro íes que producen desmotivación en los miembros de un grupo: Indefinición – Incertidumbre – Injusticia – Incoherencia
Por último, el liderazgo no existirá si no se posee credibilidad, y ésta no se compra ni se impone, sino que te la tiene que dar el grupo. Para ello resulta imprescindible ser justos, es decir, que las normas y el trato sean aplicadas para todos igual, independientemente de la antigüedad, rol o relevancia social de la persona; también debemos ser coherentes, o lo que es lo mismo, hacer lo que uno dice y, finalmente, tener equilibrio emocional, pues el líder es un amplificador de emociones, tanto negativas como positivas.
En definitiva, hablamos de liderazgo en un ambiente de máxima tensión como es la alta competición, donde se camina permanentemente sobre el abismo y donde el riesgo es nuestro fiel acompañante. El significado que otorguemos al riesgo nos delatará como lider potencial o como simple comparsa. De nosotros depende transformar esa sensación en miedo o en desafío. He ahí la diferencia.