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16 de noviembre de 2006
Elena Jiménez Martín
Doce zancadas hasta alcanzar el trampolín, batida, giro de 360º, recepción y... la gloria olímpica. Las citas de Sidney 2000 y Atenas 2004 consagraron a Gervasio Deferr como el auténtico rey del salto, aunque la carrera de este catalán de 25 años comenzó hace muchos años en su Barcelona natal. Allí vive, entrena y no duda en proclamar con orgullo un Madridismo que, en su caso, surgió como una auténtica vocación.
¿Cómo te hiciste aficionado del Madrid?
De chiquitín no era muy fanático de ningún equipo. Me gustaba el Boca Juniors porque mis padres son argentinos, hasta que un día simplemente vi un partido del Real Madrid y me quedé enamorado de su juego. Desde entonces, ¡merengue hasta la muerte! Me gusta proclamar con orgullo que soy Madridista. Por ejemplo, el día que me presentaron a Ronaldinho y a Eto’o fue lo primero que les dije.
En aquellos años de tu infancia ya tenías claro que la gimnasia era lo tuyo...
Sí, comencé practicando natación, hasta que a los cuatro años me aburrí y le dije a mi madre que quería aprender a hacer la voltereta como Hugo Sánchez. De niño me caía mucho, me daba muchos golpes, y me apuntaron a un gimnasio para aprender a caer. Poco a poco me di cuenta de que era una cosa que llevaba dentro y que se me daba muy bien.
Con tus piernas serías un excelente rematador, pero ¿a qué jugador del Madrid pondrías delante del potro?
Sin duda a Roberto Carlos o a Baptista, que son auténticas máquinas y tienen unas piernas muy potentes.
¿Cuál es tu mejor recuerdo como Madridista?
Son muchos. Disfruto como un loco viendo jugar al Madrid y siempre hay momentos espectaculares, no necesariamente ligados a un título. El gol de Zidane de la Novena, un golazo de Raúl, o cuando Beckham saca corner y Roberto Carlos la engancha y la hunde en la portería...
¿Te consideras un gran forofo?
Sí. Cuando pierde el Madrid no puedo ni comer, se me cierra el estómago y me enfado muchísimo. ¡No me gusta perder en nada! Los días que hay partido en mi casa no se habla más que para comentar las jugadas. Esos 90 minutos son sagrados, estamos superconcentrados.
¿Te pones casi más nervioso que cuando tienes que competir?
Sí, sobre todo porque en una competición dependo de mí mismo y sé cómo voy a reaccionar en cada momento. Más que nervioso, me siento eufórico.
Y a la hora de valorar a los rivales del Madrid y a los tuyos, ¿eres igual de implacable?
¡No! Casi me enfado más con los del Madrid que con los míos, ya que llevamos quince años compitiendo juntos y muchos de ellos son grandes amigos.
Ahora mismo eres una referencia en tu disciplina, al igual que el Real Madrid lo es en el mundo del fútbol... ¿Cómo se lleva esa presión?
Realmente no es lo mismo, porque el Madrid lleva muchos años siendo el mejor. En mi caso, la gente sabe que lo he hecho bien, que compito a un buen nivel, pero ese tipo de presión es la que me ayuda a competir y a saber que si he llegado a lo más alto una vez puedo hacerlo en más ocasiones. Gano por España y por la gente, pero sobre todo por las ocho horas que entreno cada día.
Por último, seguro que tienes algún deseo para el equipo esta temporada...
Que gane la Liga. ¡Lo estoy deseando!