Fueron casi 100.000 los madridistas que pueden presumir sesenta años después de la inauguración del feudo blanco de haber presenciado el primer encuentro que se disputó en él. Fue el 14 de diciembre de 1947 cuando el conjunto blanco jugó contra el Os Belenenses en un encuentro que ha quedado para la historia del club blanco. Cinco de los socios que estuvieron hace sesenta años en la puesta de largo del Estadio blanco han vuelto hoy para recordar aquel momento tan importante para todos quienes tienen el corazón blanco.
Noticia
13 de diciembre de 2007
Una información de Patricia Alcubilla
Fueron casi 100.000 los madridistas que pueden presumir sesenta años después de la inauguración del feudo blanco de haber presenciado el primer encuentro que se disputó en él. Fue el 14 de diciembre de 1947 cuando el conjunto blanco jugó contra el Os Belenenses en un encuentro que ha quedado para la historia del club blanco. Cinco de los socios que estuvieron hace sesenta años en la puesta de largo del Estadio blanco han vuelto hoy para recordar aquel momento tan importante para todos quienes tienen el corazón blanco.
Antonio Menéndez de Rivas, Joaquín Martínez Correcher, Fernando Aranguren Gutiérrez, José María Moreno de Tejada Oliva y Adolfo Meléndez son socios del Real Madrid desde hace casi setenta años. Todos ellos coincidieron en el mismo colegio madrileño, el Nuestra Señora del Pilar y, por influjo del propio Adolfo, hijo del que entonces era Presidente del Real Madrid, Adolfo Meléndez, (1908-1916; 1939-1940), decidieron hacerse socios del conjunto blanco. Desde entonces han sido apasionados seguidores del equipo, al que vieron jugar en el Viejo Chamartin, en el Estadio Metropolitano y finalmente, en el Estadio Chamartin – desde 1955, Estadio Santiago Bernabéu -.
Los primeros recuerdos que tienen se remontan al viejo estadio de Chamartín, donde, por ejemplo, fueron testigos de uno de los mejores momentos del madridismo para Adolfo Meléndez: la goleada al FC Barcelona, al que derrotaron por once goles a uno. “Lo recuerdo perfectamente. Fui al campo lesionado por un golpe que me habían dado en la rodilla y allí me puse enfermo de tanto gritar. Fue un encuentro fantástico”, recuerda Adolfo. Después y tras unos meses en el Estadio Metropolitano – “donde nos ponían al final de un de los fondos y se veía el fútbol fatal “, puntualiza José María Moreno –, llegó la gran inauguración del feudo blanco, en un encuentro ante el Os Belenenses.
Del temor inicial al asombro de la inauguración
“Mi madre no nos dejaba venir, ya que corría el rumor por Madrid de que no iba a soportar la presión de tanta gente. Por ello, Bernabéu decidió que se hiciera una prueba de carga con sacos para conocer el aguante real. Pasó muy bien la prueba. De hecho, hoy sigue aguantando”, comenta Fernando, sobrino del jugador Sotero Aranguren. “Yo vine al campo con mi padre, mi madre, mis tíos y los hijos de Rafael Salgado. Éramos con una gran familia. Recuerdo aquel día perfectamente. Hacía un frío espantoso y estábamos emocionados todos. Suponía pasar de jugar en un campo pequeño a hacerlo en una catedral”, recuerda Joaquín, quien, por cierto, sigue viendo cada fin de semana el fútbol desde la misma localidad que ocupó aquel 14 de diciembre, en la tribuna oeste del Estadio Santiago Bernabéu. Para José María, el nuevo campo era “como un palacio” y el gol de Barinaga fue algo muy especial, significaba el primer tanto en el nuevo Estadio. Sin embargo, para ninguno la inauguración supuso su primer contacto con el estadio, “veníamos a menudo a ver cómo iban las obras”, explica Fernando.
Su construcción fue seguida muy de cerca por todos ellos, especialmente por Joaquín Martinez de Correcher. Su padre, Jesús Martínez de Correcher fue uno de los miembros de la Junta Directiva encargada de la ejecución de las obras. Era, además, responsable de la parcela económica, como buen representante del Banco Mercantil – la entidad encargada de la emisión de obligaciones gracias a las cuales se pudo financiar la construcción del Estadio –. El propio Joaquín fue el que aficionó al fútbol a su padre ya en el viejo Chamartin, lo que le dio la posibilidad de conocer a la figura clave del nuevo Estadio: Santiago Bernabéu. “Venía conmigo a la Tribuna del viejo campo. En el descanso se mezclaban las autoridades deportivas y los aficionados. Allí fue donde él conoció a Bernabéu. Tenían amigos comunes y esa relación permitió, en parte, que mi padre, a través del Banco Mercantil, fuera el patrocinador económico de este Estadio”, explica Joaquin. Y es que la figura de Santiago Bernabéu está muy presente en todos ellos. Le vieron debutar como jugador y después convertirse en el gran Presidente de la historia del Real Madrid, por lo que le guardan gran cariño y respeto. Recuerda Adolfo “cómo mi padre llegó a casa un día cuando Santos Peralba era Presidente y nos habló de Santiago Bernabéu diciendo que gracias a él el fútbol iba a empezar a hablar de millones de pesetas. Tenía un proyecto tremendo, inconmensurable. Era un hombre, entusiasta, emprendedor y con una gran visión de futuro”.
Obra de un genio y figura: Santiago Bernabéu
Y vaya si la tenía. Genio y figura, su etapa presidencial marcó un antes y un después en la historia del Real Madrid, al que imprimió un carácter sin igual, merced a su propia visión de lo que el Club blanco debía ser y significar. Buena muestra de ello es una anécdota que guarda Antonio. “En un partido del Torneo Social, cuando yo jugaba en los juveniles del Real Madrid, el árbitro dio por bueno un gol que no era y yo me enfadé mucho con él y le di un tortazo. La sanción que me impusieron fue de cinco años sin jugar en la Federación Castellana. Entonces, Bernabéu me llamó y me dijo que la camiseta del Real Madrid se podía manchar de sudor, barro o sangre, pero nunca de vergüenza. Sin embargo, luego nos invitó a tomar un bocadillo”, explica.
Desde aquel 1947 hasta ahora, todos ellos han visto crecer al Bernabéu hasta convertirse en, como califica Fernando, “la envidia del mundo entero”. No en vano, como comenta Adolfo “es uno de los mejores Estadio del mundo porque tiene ecos de gloria, rezuma éxitos”. Éxitos e historia. El Estadio ha vivido el cambio inevitable por el paso del tiempo. Sus cimientos originales nada tienen que ver con la estructura actual y lo que rodea al fútbol, tampoco, pese a que como cuenta Joaquín “esto es una continuidad del pasado”. “Antes, los partidos se tenían que jugar a las tres de la tarde porque no había luz artificial y veníamos andando desde Cuatro Caminos o en tranvía y autobuses que salían desde la Cibeles”, recuerda Antonio, quien, en las bodas de oro del Estadio, le compuso un himno al club de sus amores. “Había chiringuitos alrededor del campo para comer y nos teníamos que traer el bocadillo y venir pronto porque como no había asientos, necesitábamos coger sitio para ver bien el partido”, añade Adolfo. Ahora, el Estadio Santiago Bernabéu ocupa una de las zonas más privilegiadas de Madrid y, sus continuas transformaciones han hecho de él un “estadio de élite”, que provoca en los adversarios lo que Valdano llamó “miedo escénico”.
Testigos de la historia blanca
Pero lo más importante del feudo blanco es que sus gradas han sido testigos de algunos de los mejores momentos que conservan en sus memorias estos cinco madridistas. “Yo me quedo con las remontadas en las Copas de Europa de los años 50-60. Son algo que nunca podré olvidar”, recuerda Joaquín. “A mi nunca se me olvidará la Copa Intercontinental”, añade Antonio. José María se queda con “los goles de Di Stéfano al FC Barcelona”, mientras que Fernando, prefiere no irse tan lejos y conserva todavía fresca en su memoria la última Liga, conseguida el pasado mes de junio “por cómo se logró, en el último partido y empatados a puntos con el FC Barcelona”, puntualiza.
Muchos de esos éxitos han sido logrados por las grandes figuras que forman la lista de jugadores del Real Madrid y que han escrito con su esfuerzo algunas de las páginas más gloriosas de este club. El paso del tiempo ha ido haciendo distinta la relación entre jugadores y aficionados. Ellos recuerdan con cariño cómo los jugadores llegaban al Estadio en tranvía, como el resto de los seguidores, allá por los años 50. Por ello, quizá, a la hora de quedarse con algún futbolista de toda la historia del Real Madrid, se decanten por históricos madridistas, encabezados por Di Stéfano. “Yo me acuerdo de cuando le vi por primera vez aquí. Vino a jugar con el Millonarios. Yo estaba en la grada con mi padre y con René Petit. Cuando terminó el partido, Petit dijo a mi padre que en realidad, el fútbol no lo habían inventado los ingleses, sino que lo había hecho Di Stefano. Y no se equivocó”, recuerda Fernando. “Era increíble verle subir y bajar todo el campo sin parar”, añade Adolfo. “Era simplemente un genio, daba unos pases impresionantes”, sentencia José Maria. Pero no es el único jugador que conservan en sus retinas. “Yo me quedo con Luis Molowny. Viví su fichaje de cerca. Teníamos familiares en Las Palmas que regentaban una clínica que estaba en frente de la gasolinera del padre de Molowny. Le vieron jugar y le convencieron a mi padre para que lo fichara. Además, se enteraron que el FC Barcelona también le quería y vinieron a por él pagando 200.000 pesetas en billetes de mil pesetas, como había pedido expresamente su padre”, recuerda Joaquín. “Para mí, siempre fue especial Ipiña, por su forma de ser. Su hijo me confesaba que su padre salía del campo como entraba en él: impecable, como quería Bernabéu que lucieran los jugadores”, comenta Antonio.
Entre estos jugadores y los actuales mucho tiempo ha pasado y también ha habido muchos cambios en la propia concepción de lo que es el deporte. El fútbol en esencia no es el que vieron hace ya sesenta años. “Ahora esto es un espectáculo. El de hace más de medio siglo era un deporte de lucha, mucho más heroico de lo que es ahora”, opina Joaquín. “Pero los cambios más importantes han sido en el aspecto físico y táctico. Antes no tenían la preparación que ahora y en vez de jugar con cuatro defensas se jugaba con dos, con lo que veíamos grandes goleadas en cada encuentro”, puntualiza Fernando. Sin embargo, y pese a todos los cambios del fútbol, el Club o el Estadio, ellos siguen siendo fieles al equipo de sus amores. Continúan acudiendo cada fin de semana al Estadio que vieron nacer y siguen, en directo o por televisión, al equipo que tantas alegrías les ha dado. Son un vivo ejemplo de madridismo, una parte de la historia del Real Madrid, cuya “casa” cumple sesenta años.