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11 de diciembre de 2006
Realmadrid.com
Es uno de los psicólogos más reconocido de España. También es escritor. Fue Defensor del Menor durante cinco años, aunque ahora desempeña la labor de psicólogo de la fiscalía, donde sigue trabajando con menores. En una entrevista publicada en el Diario La Razón muestra su pasión por el Real Madrid.
¿Qué tal ha superado el infarto?
Bien, ahora empiezo a hacer deporte si como tal se entiende el caminar. Ahora estoy en el aeropuerto y espero a un amigo caminando en vez de sentado.
¿Antes no practicaba ningún deporte?
De pequeño me dediqué a la natación y luego fui un niño de campamento, de los siete a los veinte años. Me gusta mucho el monte, acampar.
Pero seguro que luego se lo recomienda a los jóvenes y a los padres de los jóvenes porque es muy formativo, ¿no?
Esto es como los médicos, hay que hacer lo que dicen y no lo que hacen. Creo que es muy bueno, se aprende a ganar, a perder, a competir y a cooperar.
Bueno, unos deportes más que otros... porque el fútbol parece un caldo de cultivo de la violencia.
Hay gente que va a descargar su violencia en el fútbol, pero creo que en sí es una maravilla. Lo peor es ver a los padres cuando sus hijos juegan y les dicen: «mátalo, aplástalo...» Eso es terrible.
¿Es futbolero?
Sí, me gusta. Yo soy del Real Madrid no porque me guste el fútbol, sino porque me gusta el arte... Aunque llevo unos años haciendo una enorme cura de humildad.
¿Cree que, desde pequeños, a los deportistas se les ve si lo suyo es jugar en equipo o los deportes individuales?
Creo que siendo pequeñito se puede hacer que una persona sea cooperativa, lo que pasa es que a los niños hay que dejarles que elijan lo que les guste. Si se les pone con otros niños se les hace cooperativos en cualquier cosa. La práctica del deporte en sí es lo que te cambia muchas veces.
¿La vida de un joven deportista no es aún más dura que la de una modelo?
Cuando yo era defensor del menor tuve el caso de una gimnasta olímpica que vino a mostrarme sus pies deformes... Hay que intervenir en estos casos. Hay que hacer deporte, pero no robarles la infancia para que estén ocho horas entrenándose.
Y los padres nos empeñamos en que nuestros hijos hagan todos los deportes. ¿Les agobiamos más de la cuenta?
Les agobiamos con eso, el inglés, que monten a caballo...A veces es una proyección de los padres. Hay que dejarles elegir y que sepan dónde ganar unos amigos. Y el deporte es mejor que lo practiquen fuera del colegio, que vivan en varios entornos sociales y económicos distintos.
¿Dentro de «El arte de educar», su último libro, dedica algo al deporte?
Se habla en algunos de los puntos de la práctica del deporte como una de las pautas de viaje, conocimiento y solidaridad.
Es imprescindible en la lucha contra la obesidad, ¿no?
Sí, y eso ahora es especialmente importante en España porque nos estamos acercando cada vez más a los datos de Estados Unidos por la ingesta de grasas y bollería y porque no se practica suficiente deporte.
En primera persona
«Nací en Estella en 1957. Estoy casado y tengo dos hijos. Trabajé como Defensor del Menor de 1996 a 2001 y ahora soy el psicólogo de la fiscalía. En casa me dicen que disfrute más de las horas de ocio, sobre todo desde lo del infarto... Pero es que a mí lo que más me gusta es lo mío, los menores. Y sé que antes de respuesta por parte de Ley necesitan educación. Creo que casi todos los menores son recuperables, por eso hay que defender sus derechos, pero sin convertirlos en tiranos, que es perjudicial para ellos».