Noticia
26 de noviembre de 2007
Alberto Navarro
El Real Madrid hizo pequeño el aforo de Hampden Park, que por aquel entonces llegaba a los 127.000 espectadores, y levantó su quinto trofeo, con Puskás y Alfredo Di Stéfano repartiéndose los siete tantos. Un partido que quedará para siempre en los anales de la historia como la mejor final de todos los tiempos.
“Fue una final fabulosa, grandiosa. Puskás y Di Stéfano marcaron todos los goles, aunque ellos se adelantaron. Pero el Real Madrid solía imponerse a todas las adversidades, sobre todo si en tu mismo equipo jugaban dos monstruos como Puskás y Di Stéfano”, comentaba un emocionado Gento. Y es que no hay calificativos para denominar a este partido.
El encuentro empezó a complicarse cuando el conjunto alemán del Eintracht Frankfurt se adelantó en el marcador. “Íbamos perdiendo y estuvieron cerca de poner más distancia en el marcador pero el larguero se lo impidió. Luego logramos empatar y ponernos por delante. Aún así queríamos marcar más goles”, expresaba Di Stéfano.
Aunque lo que nunca olvidarán los futbolistas que jugaron aquella final fue la obligada vuelta olímpica que emocionó al mítico Gento. “Éramos un equipo muy ambicioso. Recuerdo que fue un partido pletórico, apoteósico. Todo el mundo nos pidió que volviésemos al campo a aplaudir al público, eso nunca se olvidará”.
Para el presidente Ramón Calderón, este equipo siempre “va a ser siempre un referente. Fue un equipo que buscó la excelencia tanto en el terreno de juego como fuera de él. Creo que somos un ejemplo y eso siempre es importante.” Un equipo que hizo época y que la afición merengue nunca olvidará.