Noticia
22 de noviembre de 2007
Alberto Navarro
La Copa de Europa se vistió de luto en su tercera ocasión. Esta edición estuvo marcada por el desastre aéreo de Munich, en el que perdieron la vida ocho integrantes del Manchester United FC. El Milán alcanzó su primera final tras imponerse en semifinales a un Manchester desecho y a una afición nostálgica marcada para siempre por el infortunio de esta tragedia. En Bruselas esperaba el Real Madrid, un impresionante equipo que mantuvo, con muchas dificultades, su ya dilatado romance con el más prestigioso torneo continental de clubes.
No es de extrañar que Bruselas llegase a albergar hace apenas un año algunas de las más codiciadas piezas del museo del Real Madrid, ya que la relación de esta cuidad belga con el equipo blanco viene de muy lejos. Tanto que nos remontamos a finales de los 50 para convertirnos en espectadores de excepción de una de las finales más bonitas e igualadas de toda la historia de la Copa de Europa. En ella se encontraban frente a frente dos potencias, dos importantes conjuntos que aún hoy mantienen intacta su estela de triunfos siendo los más prestigiosos contendientes del panorama europeo. Por un lado, encontramos al Milán italiano, y por otro a un imbatible Real Madrid que alargaba su leyenda con el paso de los años.
Tras dejar en el camino a Royal Antwerp, al Sevilla, primer enfrentamiento en Copa de Europa entre dos conjuntos españoles y Vassas, el equipo liderado por Alfredo Di Stéfano se plantaba en la final de la competición dispuesto a revalidar el título por tercer año consecutivo.
Pero el Milán no quería ser un convidado de piedra y legó a adelantarse en el marcador en dos ocasiones. “Nunca dimos el partido por perdido. Sabíamos que el adversario era un gran rival, porque en cualquier final de la Copa de Europa siempre se miden dos equipos grandiosos, potentes y fuertes. Tenían a Schiaffino y a jugadores fenomenales tanto italianos como extranjeros que militaban en sus filas”, explica La saeta rubia aún con la mente puesta en Bruselas. El Real Madrid, gracias a su tesón, logró llevar el encuentro a la prórroga y allí apareció la figura de Paco Gento para aumentar la leyenda que unía el nombre del Real Madrid de forma casi perenne a la Copa de Europa. “Esta es otra de las finales más bonitas que hemos jugado. Fue la más difícil de todas porque llegamos a la prórroga muy cansados y empatados a dos goles, pero tuve la fortuna de meter el tercero en la prórroga y nos llevamos nuestra tercera Copa de Europa consecutiva”.
Un título que, de esta forma, quedaría ligado para siempre al conjunto merengue. Un equipo que parecía invencible y que extendió su fama a todos los países del globo terráqueo. Un Real Madrid que "era prácticamente invencible en aquella época, teníamos delanteros de talla mundial, un centro del campo de mucha calidad y defensas de garantías. Era un equipo excepcional, el mejor de todos los tiempos”, argumentaba finalmente Raymond Kopa. Una leyenda que recuerda sus años en Madrid con una tremenda nostalgia, no en vano ese mismo año fue nombrado 'Balón de Oro'. "Fue el mejor año de mi carrera ya que gané la Liga y la Copa de Europa con el Real Madrid y además jugué el Mundial. Fue una temporada excepcional”.