Noticia
14 de febrero de 2008
Javier Palomino
Tras repasar en los capítulos anteriores su trayectoria como futbolista, tanto en Argentina y Colombia como en el Real Madrid, recordamos ahora su experiencia como entrenador. Los códigos que le convirtieron en el mejor futbolista de todos los tiempos, se traducen en enseñanzas que supo inculcar a todos los jugadores que dirigió, tanto en el Real Madrid como en el Elche, Rayo, Castellón, Valencia, River, Boca... En todos estos equipos dejó el sello de su carácter competitivo, el amor por su trabajo y su espíritu ganador. En todos fue respetado y sigue siendo querido.
“Me hice entrenador porque el fútbol es lo único que sé hacer. Entrenar es lo más difícil del mundo. Sin los jugadores, no eres nada. Los logros no son tuyos, son de los otros. Siempre apoyé la cantera, en todos los equipos que dirigí. Son la semilla, y de nosotros depende que crezca una planta”.
Alfredo di Stéfano
CAPITULO III: (1982-1984/1990-91) Entrenador blanco: La Experiencia
Una de las grandes virtudes de Alfredo di Stéfano fue su capacidad de asimilar, para luego transmitir, todos y cada uno de los consejos que le fueron dando cuantas personas, ligadas o no al fútbol, fueron desfilando por su vida. Sus primeros entrenadores en Argentina (Peucelle y Cesarini) le marcaron la senda del triunfo y le avisaron de las bifurcaciones que conducían al fracaso.
En el Real Madrid aprendió que las normas y la buena imagen estaban por encima del triunfo. Después él escribió, con su ejemplo, unos códigos que se han ido transmitiendo de generación en generación. Gran parte de esta filosofía de sacrificio, trabajo y espíritu ganador se convirtió en consejos deportivos y humanos que tuvo tiempo de enseñar en su etapa como entrenador. Bajo su disciplina desfilaron centenares de jugadores que aún conservan sus enseñanzas en la memoria, como su bien más preciado.
REGRESO AL REAL MADRID
En marzo de 1982, 15 años después de su despedida del Bernabéu, Di Stéfano firmaba como entrenador de un Real Madrid presidido ya por Luis de Carlos. Tras el Mundial, fue presentado el 20 de julio de 1982 junto a sus ayudantes Juan Santisteban y Jesús Paredes. “Daré al equipo moral, fuerza y maestría”, dijo en su mensaje a los aficionados. Sería un año de récords, aunque con sabor agridulce, porque Di Stéfano llevó al equipo a cinco finales y en las cinco quedó subcampeón. La Liga se decidió en el último partido y cayó del lado del Athletic. La Recopa fue para el Abeerden, la Copa del Rey y la Copa de la Liga para el Barcelona y la Supercopa, para la Real Sociedad.
La temporada siguiente volvió a hacer un claro guiño a la cantera. Siempre apostó por los más jóvenes, y contó con jugadores como Agustín, Fraile, Chendo, San José, Martín, Gallego, Bernardo, Isidro, Cholo… Su amor por el Madrid le hacía pensar más en el futuro que en las urgencias del presente, de ahí que además fuera dando entrada al equipo, uno a uno, a los jóvenes talentos que más tarde serían conocidos como la Quinta del Buitre: Sanchis, Martín Vázquez, Pardeza y Butragueño (Míchel lo haría el año siguiente). Era la semilla de un equipo que encandilaría a Europa en la segunda mitad de la década.
Pero las prisas del fútbol, remarcadas la ausencia de títulos (la liga se la arrebató el Athletic, por golaverage), provocaron la salida de Di Stéfano, que dejó su lugar a Amancio Amaro, entrenador del Castilla con el que se había proclamado campeón de Segunda División. “Las puertas del Club siempre estarán abiertas”, le recordó Luis De Carlos en su despedida.
EL RETORNO
Se abrirían seis años después, el 21 de noviembre de 1990, cuando regresó provisionalmente al banquillo blanco, formando un triunvirato con Grosso y Camacho. Por entonces era asesor presidencial, y lo hacía atendiendo la necesidad de un Club que había destituido a Toshack.
En apenas unos meses transformó la cara del equipo y su apuesta por el fútbol alegre y ofensivo tuvo como premio la Supercopa de España que conquistó frente al Barcelona: 0-1 en el Nou Camp y 4-1 en el Bernabéu, con un inolvidable gol de Aragón a Zubizarreta desde el centro del campo. Meses más tarde, dejaría su puesto a Radomir Antic.
OTROS BANQUILLOS, OTRAS ENSEÑANZAS
Además de al Real Madrid, Di Stéfano dirigió al Elche (1967), Boca Juniors (1968), Rayo Vallecano (1975), Castellón (1976), River Plate (1981) y Valencia (en tres ocasiones). En todos estos equipos dejó el sello de su carácter competitivo, el amor por su trabajo y su espíritu ganador. En todos fue respetado y sigue siendo querido.
PRÓXIMO CAPÍTULO (y IV): PRESIDENTE DE HONOR DEL REAL MADRID