Ese era el apelativo con el que le conocían todos los periodistas y aficionados de la época. “Era todo fuerza e ímpetu, con la fortaleza de un caballo”, comenta este jugador nacido el 1 de junio de 1933 que permaneció en el Real Madrid hasta 1958 y que recuerda: “como tenía que pelear como defensa haciendo valer mi 1,85 de altura, algo que ahora no vale casi ni para ser base”.
Guarda con cariño grandes recuerdos de su época como jugador, “especialmente los títulos ganados con el Real Madrid y los Juegos del Mediterráneo de Barcelona”, donde la selección nacional de la que él formaba parte superó en un partido los 100 puntos, “algo sorprendente en aquellos años”. Los tiempos han cambiado tanto que machacar era por entonces algo inusual. No en vano, Trujillano no olvida que él “fue el primer jugador español en meterla para abajo”. Buenos recuerdos de una gran época para el Real Madrid de baloncesto que, evidentemente también tenía su lado duro, como recuerda Trujillano: “Jugábamos muchas veces al aire libre, con frío, y lo peor era la lluvia…El balón empieza a hincharse y terminaba por no caber casi en el aro, el suelo resbalaba y las botas pesaban cada vez más, sintiéndote al final del partido como un buzo. Por eso ahora comento entre bromas con compañeros como Corbalán y Romay que habría que haberles visto en esas circunstancias”.
Todo era muy diferente, tanto que Luís Trujillano se retiró casi cuando ahora los jugadores están en su mejor momento, a los 25 años. “Lo dejé para empezar a trabajar como abogado”, comenta Trujillano, que explica que “la repercusión que tiene ahora el baloncesto no tiene nada que ver con la de aquel entonces, aunque eso sí, no vivíamos mal. Con 6.500 pesetas, mi sueldo de por aquel entonces, yo podía pagar mi colegio mayor y el de mi hermano, evitando así que mi padre nos tuviera que mandar dinero”. Eran otros tiempos.