En la temporada 1959-60 subía del filial Hesperia al Real Madrid un joven que empezó jugando al baloncesto como pívot, que se convirtió a los pocos años en uno de los más rápidos de Europa y que terminó su carrera jugando como base tras la retirada de “Lolo” Sainz.
Carlos Sevillano jugó durante once temporadas en el primer equipo y su palmarés no tiene desperdicio: nueve Ligas, seis Copas y cuatro Copas de Europa. El capitán de los primeros éxitos europeos fue además internacional con la selección española en 96 ocasiones y será siempre recordado por la velocidad con la que ejecutaba los contragolpes, algo que según él se debía a que los pívots eran un seguro en el rebote.
Una grave lesión de rodilla frenó en seco su gran carrera en la temporada 1967-68. Una rotura del tendón rotuliano le obligó a pasar casi toda la temporada en blanco. En su vuelta a las canchas, Sevillano no era el mismo jugador que un año atrás había deslumbrado al baloncesto europeo. A los pocos meses de comenzar la competición decidió retirarse. El Torneo de Navidad de 1970 sirvió de homenaje a Sevillano, que realizó el saque de honor y recibió una placa conmemorativa de manos de Santiago Bernabéu y la insignia de oro y brillantes de la Federación Española. Bonito final para un gran jugador.