Drazen Petrovic nació en Sibenik (Croacia) el 22 de octubre de 1964. Desde sus comienzos destacó por su talento, jamás frenado por su carácter indómito y contestatario. Su amor por el baloncesto, que rayaba la obsesión, surgió por la influencia de su hermano Alexander, otro mito del Cibona. Antes de triunfar en el Madrid sería su verdugo en algunas citas internacionales. Para fichar por el Club hubo que cambiar la normativa de su país, que impedía la salida de los menores de 28 años. Como jugador blanco, formó junto a los Biriukov, Rogers, Fernando Martín… uno de los mejores equipos de la historia. Aún se recuerdan los 63 puntos que anotó en la final de la Recopa ante el Snaidero. Su leyenda crecería en la NBA, en las filas de los Trail Blazers y los Nets, donde terminaría imponiendo su carisma. Un trágico accidente de tráfico en la autopista A-9, entre Nuremberg y Munich, truncó la carrera del más grande y genial jugador que ha dado el baloncesto europeo, junto a Sabonis, en el último cuarto del siglo XX.