Antonio Martín Espina nació en Madrid el 18 de junio de 1966. Se forjó en la cantera del Colegio San José del Parque, y tras dos temporadas en Estudiantes, se incorporó con 17 años al Real Madrid. Aquí permaneció durante ocho temporadas, en las que logró una Liga Europea, cinco Ligas, cuatro Copas del Rey, tres Recopas y una Copa Korac. Gracias a su talento, carisma e inteligencia bajo los aros, consiguió que su trayectoria dejara de estar ineludiblemente ligada a la de su mítico hermano Fernando.
Antonio tenía potencial NBA, y se sumó a la aventura americana al incorporarse a la Universidad de Pepperdine, un trampolín ideal. No pudo jugar por “problemas burocráticos”, ya que incumplía la reglamentación de la NCAA, por sus antecedentes profesionales. Una injusticia, porque Antonio hubiera hecho carrera en la mejor liga del mundo. Fue el sino de Antonio. Los frenos que no encontraba en las canchas, los sufrió en los despachos… o en forma de lesiones.
Hasta cinco lesiones graves (que le tuvieron un total de 23 meses de baja) sufrió a lo largo de su carrera. La última le truncó definitivamente. Tenía 29 años y seis ofertas en firme sobre la mesa (Amway, Gijón, Tau, Unicaja, Caja San Fernando y Gran Canarias). Su honestidad con el baloncesto le hizo colgar la camiseta de un deporte que podía haber seguido ejerciendo durante algunos años más. Con la Selección, en sus 62 convocatorias internacionales, fue medalla de Bronce en el Europeo de Roma, donde fue elegido en el quinteto ideal. Tras una década en el mundo de las finanzas, donde adquirió una gran experiencia empresarial, regresó a su querido Club, como Director de una Sección que siempre ha considerado como su segunda casa.