Crónica
21 de septiembre de 2008
Juan José López Soto
El Castilla puso en liza todas las virtudes que adornan a los deportistas que integran el Club: entrega, responsabilidad, pundonor y superación ante las adversidades, de las que pone el contrario –que hoy, realmente, fueron pocas mientras los equipos estuvieron equilibrados en número- y las que le puso quien debe impartir justicia en el terreno de juego.
Todavía hay quien no se ha enterado que el protagonismo en el fútbol corresponde, fundamentalmente a los futbolistas. Hay un axioma que dice que cuando un árbitro se erige en el protagonista del partido, es que algo malo ha pasado en el mismo. En esta ocasión no fue una excepción. González González, el árbitro del choque, acaparó toda la atención con sus erróneas apreciaciones. Dejó al Castilla con nueve jugadores con las dos expulsiones más injustas que uno recuerde, y frenó las ilusiones de unos jóvenes que saltaron al césped con la sana intención de lograr una victoria en base a su mejor juego.
El de hoy era un encuentro, a priori, para disfrutar, con dos equipos filiales, que prometían un partido de poder a poder. Los de Julen Lopetegui buscaban estrenar su casillero de victorias en Valdebebas, tras el empate de hace dos jornadas. Y la buscaron desde el pitido inicial. Durante media hora metieron al Murcia en su terreno de juego, período en el que disfrutaron de cuatro buenas ocasiones para abrir el marcador, que no es poco si tenemos en cuenta la densidad de hombres de “verde”, así vistió el equipo pimentonero, que se amontonaban en su área. Bueno, Palanca y Salazai fueron los primeros en fijar en punto de mira entre los tres palos del equipo visitante.
Zapatazo de Agus
El Murcia jugaba muy al “estilo Clemente”: férrea y nutrida defensa y zapatazo a ver si “caía la breva”. Poco bagaje ante el ímpetu de los filiales madridistas, a los que sólo les faltaba el gol. Y llegó, de la manera más lógica que tenía de hacerlo. Una falta, a treinta metros de la portería, la resolvió Agus de un certero y ajustado zapatazo, que se coló pegado al palo (37’). Justo premio para los merecimientos de unos y otros.
Ahora tocaba a los visitantes abrir el campo si es que querían obtener algo positivo. Y lo hicieron, aunque tímidamente. Esto suponía, también, más espacio para los delanteros blancos, que los aprovecharon lanzándose como auténticos misiles sorbe el portal pimentonero. En uno de estos ataques, Javi H. es zancadilleado claramente dentro del área rival. El clamoroso penalti lo convierte el árbitro en tarjeta amarilla para el delantero madridista y, al ser la segunda, en expulsión, injusta a todas luces. Del posible 2-0 se pasaba a quedarse con un jugador menos (39’). Aún con diez jugadores los de Lopetegui seguían llevando la manija del partido. Los minutos que faltaban para la conclusión de la primera mitad transcurrieron sin nada notable que reseñar.
El Castilla se queda con nueve
Pero aún no lo habíamos visto todo. Dos minutos después de reanudarse la contienda, el Castilla se quedaba con nueve jugadores. Mateos y Jonathan pugnaron por un balón aéreo. Tras el limpio salto, el murciano cayó al suelo y, ante el asombro de propios y extraños, el árbitro expulsó con roja directa al castillista. Fue una jugada en la que no hubo ni siquiera falta, pero que costó una nueva “victima” a los locales, que acusaron el golpe. Lopetegui movió el equipo para dar entrada a jugadores más frescos. El esfuerzo físico que quedaba por hacer
La expulsión supuso dos mazazos para los de Lopetegui. El psicológico y el físico. Con dos jugadores más los murcianos se lanzaron al acoso de la portería que defendía Adán buscando el equilibrio en el marcador, y lo consiguieron en el 51, tras un barullo en el área del Castilla.
Pero todavía nos quedaba ver la heroica reacción de los filiales blancos. Apelando a esa épica que caracteriza a los deportistas que visten la camiseta del Club, apretaron los dientes, se sobrepusieron a las adversidades e injustas decisiones y con nueve jugadores sobre el terreno de juego lograron dar la vuelta al marcador. En un inteligente contragolpe, Palanca se planta delante del portero Campos, y cuando se disponía a rematar, es trabado por detrás por Juachi. Claro penalti, que esta vez si es señalado, y clara expulsión del jugador visitante. La máxima pena es transformada por Mosquera.
La media hora que restaba fue de lo más emotiva. El Castilla, con nueve jugadores se defendió con casta y orgullo de los continuos ataques de los murcianos que desesperadamente buscaban un resultado positivo. Y, nada extraño, llegó el empate (Juanjo, 75’), injusto a todas luces, que dejaba el partido en tablas.