Un gol. Eso es lo que le faltó al Real Madrid para meterse en las semifinales de la Copa del Rey. El equipo blanco dio una lección de orgullo, personalidad y fútbol en el Camp Nou. Mereció adelantarse en el marcador por las ocasiones claras que tuvo, encajó el duro golpe de recibir dos goles en los últimos cinco minutos de la primera parte y con todo en contra no bajó los brazos, empató el encuentro y estuvo cerca de conseguir un tercer tanto que le hubiera dado la clasificación y habría hecho justicia al gran encuentro que firmó en Barcelona.
REAL MADRID